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¿Tienes madera de escritor?

Buenas noches,

Esta larga pesadilla que empezó en marzo animó a mucha gente, yo incluido, a escribir libros que de otro modo jamás habrían nacido. El encierro, la soledad, la distopía exterior, cualquiera que fuera la motivación, han hecho fluir ríos de tinta.

Recibí peticiones a diario para hacer de sherpa literario, y tuve que rechazar prácticamente todas por dos motivos. El primero es la falta de tiempo. El segundo, darme cuenta de que la inmensa mayoría no tienen pasión por escribir; de ser así, escribirían día tras día sin remedio, con una constancia y alegría febril; simplemente quieren ser publicados, que es muy distinto.

La ansiedad del autor que quiere ser publicado y te bombardea por whatsapp o por mail fuera de horas de clase, lo cual me parece una invasión de tu vida privada, acabó haciéndome odiar lo que un día fue una vocación. Por eso ya no acepto alumnos, fuera de un par de amigos personales, además de escritores, a los que superviso.

Con un autor adolescente tuve la siguiente conversación:

(Él) ¿Qué tengo que hacer para que me publiquen?

(Yo) ¿Qué has escrito hasta hora?

(Él) Tengo dos capítulos de mi primera novela. Me gustaría saber si puede tener éxito.

(Yo) Mira, te diré lo que puedes hacer: escribe esa novela hasta el final y compártela con tus amigos. Anota sus consejos y guárdala en un cajón. Luego escribe una segunda, y más tarde una tercera. Guárdalas también en el cajón o compártelas en las redes. Cuando hayas escrito mil o dos mil páginas en total, entonces hablamos.

No creo que vuelva a saber de él.

En mi humilde opinión, si no estás dispuesto a escribir como un poseso hasta el día de tu muerte, aunque nadie te publique, no tienes madera de escritor. Luchar con ser publicado no tiene nada que ver con ser escritor. Lo palabra lo dice todo: escritor es quien escribe. Y no puede dejar de hacerlo.

Lo cuenta muy bien Paul Auster en A salto de mata, sus memorias de juventud: “Una vez que se acepta el hecho de que no se vale para otra cosa, hay que estar preparado para recorrer un largo y penoso camino durante el resto de la vida. A menos que se resulte ser un elegido de los dioses (y pobre de quien cuente con ello), con escribir no se gana uno la vida, y si se quiere tener un techo sobre la cabeza y no morirse de hambre, habrá que resignarse a hacer otra cosa para pagar los recibos.”

Puedo dar fe de ello. También de que es extremadamente raro que el primer libro que escribes sea publicado por una gran editorial. Necesitas tener una suerte descomunal y ser ese elegido de los dioses que menciona Auster.

Veamos si no la trayectoria de un autor como Stephen King que, además de vender millones de libros, ha sonado muchas veces para el Nobel.

A mediados de los sesenta empezó a escribir sin freno: decenas de cuentos, esbozos de novelas, cualquier cosa que le pasara por la cabeza. En 1971 lo contrataron de profesor en una academia de Maine. Para entonces llevaba seis años escribiendo sin parar y llegó a completar varias novelas que ninguna editorial quiso. Pero Stephen seguía dándole a la máquina de escribir hasta que le ardían los dedos.

Edición original de la novela

Una de aquellas obras, La larga marcha, sería publicada más de diez años después bajo el pseudónimo de Richard Bachman. Recientemente he empezado a leerla y me parece una maravilla, además de precursora clara de Los juegos del hambre. Se nota que hay miles de páginas de trabajo previo, el duro gimnasio en el que se moldea el estilo de un autor.

Cuando en 1973 logró su primera publicación, Carrie, llevaba casi diez años picando piedra en todas sus horas libres, pues así se hace un autor. Con todo, al principio la novela no le había parecido suficientemente buena y la tiró a la basura. Su esposa, Tabitha, la rescató y le animó a que la reescribiera con una perspectiva más femenina de la protagonista.

Solo entonces recibió el primer ok de una editorial, Doubleday, y 2500 dólares de anticipo. El resto es historia de la literatura contemporánea. A fecha de hoy, Stephen King ha publicado casi 70 libros, buena parte de ellos obras maestras del género.

¡Feliz semana!

Francesc

PD. Salvando enormemente las distancias, ya que hablamos de autores prolíficos, el lunes que viene revelaré mis novedades de 2021.

Comments

  • Jesús Martínez

    21 diciembre, 2020 - 10:42 pm

    Excelente artículo. refleja una filosofía que no debiéramos perder de Vista. Si no le dedicamos tiempo y el suficiente a nuestro oficio, nos HACEMOS aprendices por siempre.

    • Francesc Miralles

      24 diciembre, 2020 - 2:28 pm

      ¡Muchísimas gracias, Jesús!
      Un abrazo fuerte 🙂
      Francesc

  • Neus

    22 diciembre, 2020 - 10:04 am

    Amén, Francesc. Escritor es quien escribe. Autor es quien publica, escriba o no lo que publica. el oficio de escritor es de por vida.

    • Francesc Miralles

      24 diciembre, 2020 - 2:28 pm

      Amén, Neus!!!
      Tenim una cita pendent a 3.
      Petons!!
      Francesc

  • Ana Cruz

    29 diciembre, 2020 - 9:10 am

    Has dicho justo lo que estaba pensando en el corazón y no oyendo con la cabeza. Para escribir sólo hay que escribir… Gracias por la honestidad y los ejemplos, el del rey Stephen y el tuyo propio. Leído lo leído solo me queda hacer lo que quiero hacer aunque vaya como pollo sin cabeza. Al tajo. Un placer leerte.

    • Francesc Miralles

      30 diciembre, 2020 - 8:15 am

      ¡Al tajo, Ana! Gracias por tu mensaje y te deseo un 2021 lleno de escriura y buenas lecturas.
      Abrazos fuertes,
      Francesc

  • Ferran

    11 enero, 2021 - 8:22 pm

    Apreciado Francesc,
    Me ha encantado el artículo. Me he sentido muy identificado y he sentido el impulso de compartir mi parte como “escritor” (con respeto a los escritores y escritoras 😊), que no descubrí hasta hace muy poco.
    Con 15 años y movido e ilusionado por la lectura de El Hobbit, de J.R.R. Tolkien, escribí un breve cuento de unas 5 o 6 páginas y se la entregué a una tía mía para que lo leyera, tenía muchas ganas de que le gustara, pero lamentablemente para mí, no obtuve la respuesta que esperaba y me frustré bastante. Ese fue mi primer intento de escribir, que yo recuerde. Aunque aquello no hizo que dejara de escribir… y a mi ritmo, nunca paré.
    A lo largo de mi vida, he recurrido a la escritura para contarle al papel e incluso a un lector imaginario, al que me dirigí en alguna ocasión, como me sentía y que anhelaba. Algunas veces también compartía con alguna amiga momentos que había vivido y que habían sido especialmente transformadores para mí. Quería compartir lo que yo consideraba un tesoro, una gran lección de vida. Y sinceramente, también había algo de querer ser escuchado.
    Nunca me he considerado un escritor ni mucho menos, tampoco hoy, aunque si que a veces siento el impulso de contar algo, una historia que brota desde algún lugar de mis adentros, sin que pase el filtro de la cabeza y quede demasiado impregnada de su esencia. Algo que, tal vez, pueda inspirar a algún o alguna joven inquieto/inquieta, tal como a mi me pasó.
    ¿Tengo madera de escritor? 😊 Aunque me gusta y me relaja, no lo creo, aunque seguiré escribiendo… a mi ritmo.
    Un placer leerte, muchas gracias.

    • Francesc Miralles

      11 enero, 2021 - 10:23 pm

      ¡Hola Ferran! Muchas gracias por compartir tu testimonio!! Es muy interesante lo que cuentas, y es una lástima que te desmotivaras por una sola opinión, aunque fuera tu tía. Si te gusta y te relaja escribir, y lo haces por el mero placer de vaciarte en el papel, entonces puede que tengas madera de escritor. ¡Un abrazo muy fuerte!

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