Regreso a la India

Buenas tardes,

Escribo esta noticia desde la noche de Bombay, ciudad a la que no había regresado desde mi primer viaje, en 1998.

Por aquel entonces yo acababa de dejar mi trabajo fijo de editor, tras sufrir un año de mobbing, para replantearme la vida. Y como tantos soñadores que quieren romper con todo, me fui a la India con mi compañera en busca de inspiración para una nueva etapa que no tenía ni idea de en qué consistiría.

Fue un largo viaje con poco dinero, viajando en trenes llenos de humanidad, durmiendo en pensiones con cucarachas y alguna rata que examinaba nuestra mochila por la noche.

Caímos enfermos los dos, pero seguimos adelante. Visitando al padre Vicente Ferrer en su fundación, yo estaba tan débil que este santo hombre vino a verme a la habitación para ver cómo me encontraba. Al incorporarme para saludarle, le vomité sobre los pies.

Más allá de estas dificultades, fue un viaje lleno de descubrimientos a todos los niveles. En un cuaderno de escolar indio, por las noches yo escribí la que sería mi primera novela. Por lo tanto, puedo decir con gratitud que este país me hizo escritor.

22 años después, he vuelto a Bombay para dar una charla en un teatro donde 600 lectores de Ikigai habían pagado entrada para escucharme. La firma de libros posterior ha durado casi dos horas. En la cadena de librerías que lo organiza, Crossword, nuestro libro con Héctor García ha sido el más vendido de 2019.

En este viaje de promoción que empezó hace 5 días, los vagones de tercera clase y los rickshaws han sido substituidos por vuelos internos y un chófer en cada ciudad. Las pensiones cucaracheras, por hoteles de cinco estrellas donde se desviven por atenderte. Tal vez por eso me cuesta reconocer el país que descubrí en aquella ruta por caminos polvorientos.

Esta gira tuvo su inicio en Kerala, un bello estado del sur del país con mucha selva y una importante proporción de cristianos. Allí, además de dar entrevistas, me organizaron una conversación con una celebridad local, C. Balagopal, en el escenario del Festival de Literatura que se celebra cada año a pie de playa.

La charla fue fluida y amena, y el público aplaudía cada vez que le gustaba alguna frase que se decía. El problema vino al llegar el turno de preguntas, ya que el inglés que se habla en esta parte de la India es realmente difícil de entender. A eso hay que sumar que hubo preguntas con una extensión de cinco minutos y que había que tener un doctorado en filosofía, como mínimo, para entenderlas.

En una de ellas, una chica joven me hizo una pregunta kilométrica en la que hacía referencia a no sé que teoría de Foucault y me criticaba que hubiera hecho la deconstrucción de algo que tampoco entendí, lo cual hacía tambalear la solidez de no se cuál enunciado.

No me quedó otro remedio que contestarle:

—Creo que no soy la persona adecuada para contestar a tu pregunta, ya que no soy un intelectual. Solo soy un viajero y periodista que cuenta lo que ha visto y saca conclusiones de lo vivido.

De Kerala volamos a la siguiente cita en Calcuta, ciudad donde nunca había estado. Allí había otro festival donde debatí con una famosa modelo, poeta y activista local: Karuna Ezara (en la foto). Luego fuimos invitados a cenar en un histórico club de cricket.

De aquí cuatro horas nos levantaremos para tomar el vuelo a Delhi, donde prosigue la ruta. El lunes que viene contaré la segunda parte de este viaje, que no puede ser más distinto de aquel primero. De un acto al siguiente, apenas hay tiempo de ver nada.

Lo único que logramos visitar fue la casa de Rabindranath Tagore en Calcuta, una mansión enorme (su padre era un riquísimo comerciante) que únicamente puedes recorrer descalzo y donde está prohibido hacer una sola foto.

La mayoría de las salas tienen fotos familiares con explicaciones solo en bengalí, con lo cual ni siquiera los indios de otros estados comprenden lo que pone. Aun así, todo el mundo camina con reverencia entre los recuerdos de este hombre apuesto de mirada melancólica y barbas bíblicas.

Despido mi informe con una frase de quien fuera el primer premio Nobel de este país:

Quizás no deje ningún rastro de alas en el aire, pero me alegro de haber tenido mi vuelo.

¡Feliz semana!

Francesc

Comments

  • Samantha Vall

    27 enero, 2020 - 3:14 pm

    Quin viatge més fantàstic, sobretot perquè pots compartir tot el que has après en aquests anys. segur que els teus oients han gaudit molt de les teves reflexions!
    parlem aviat.
    sam

    • Francesc Miralles

      28 enero, 2020 - 9:14 am

      Parlem per quedar a partir d’avui, que acabo d’aterrar, estimada Sam! Petons!

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