Porsche, el empresario y su madre

Buenas tardes,

Escribo este nuevo post en nuestras últimas horas antes de abandonar la India. Han sido dos semanas por cinco ciudades distintas llenas de contrastes, encuentros y anécdotas.

En cada charla había un auditorio lleno de más de 500 butacas, con mucha gente de pie. Sin duda, habré firmado más de mil libros. Una de las peticiones más curiosas ha tenido lugar hoy en una emblemática librería del mercado de Khan, en la capital.

La población india es extraordinariamente hospitalaria y generosa. Prueba de ello es que muchas de las personas que acudían a las firmas, después de cada acto, llevaban varios ejemplares de Ikigai para familiares o amigos a los que querían sorprender con un regalo.

El de esta mañana, tras dedicarle su ejemplar, me ha dado otro y hemos tenido la siguiente conversación:

—Dedícaselo por favor a Porsche.

—¿Porsche? —repito yo, pensando que he oído mal.

—Sí, Porsche, como el coche. Así se llama un amigo mío de Filipinas.

Sé que en algunos países se puede poner a un hijo el nombre de una marca favorita o de algo que quisieras tener, pero me ha sorprendido que alguien se pudiera llamar así como nombre de pila.

Al hacer la dedicatoria, he estado tentado a escribirle: “Para Porsche, no corras demasiado y vive la vida”, pero finalmente he optado por algo más formal.

Durante esta gira, he tenido la suerte de compartir escenario con grandes ponentes que me entrevistaban o entraban en conversación conmigo delante del público. Para dar su visión del ikigai, un empresario de Bombay explicó una vivencia que quiero compartir.

Según explicó, hacía tiempo que sus negocios habían ido creciendo hasta convertir su empresa en una multinacional. Antes de partir de viaje a Nueva York, donde cerraría uno de los contratos más suculentos de su vida, su madre le entregó un sobre.

—¿Qué es esto, madre? —le preguntó él.

—No lo abras todavía —dijo ella—. Es un regalo para este viaje tan importante que vas a hacer.

Intrigado, el empresario metió el sobre dentro de su cartera y, al aterrizar en Nueva York, nada más salir del avión se acordó de él y lo sacó para abrirlo. Dentro había un papel escrito a mano por su madre con una sola palabra: “BASTA”.

Chocado, llamó de inmediato a su madre para que le explicará qué significaba ese regalo.

Tranquilo, hijo —dijo ella—. Si no lo entiendes a la ida, lo entenderás a la vuelta.

Cada vez más desconcertado, volvió a guardar el sobre y decidió volcarse en la negociación que le esperaba en la ciudad que nunca duerme.

Un par de días más tarde, fue a tomar el avión de vuelta a Bombay. Pese a ir en primera clase, con toda clase de atenciones, nada más despegar sintió una fatiga absoluta. Y no era solo física y mental. Tras el subidón del contrato con el que regresaba a casa, un enorme cansancio existencial se había apoderado de él.

En el fondo, pensó mientras surcaba los cielos, aquella vida que antes le parecía tan excitante y que impresionaba tanto a los demás a él le aburría. Había dejado de tener sentido.

Justo entonces recordó el sobre de su madre y el oráculo de sus palabras: “Si no lo entiendes a la ida, lo entenderás a la vuelta.” Al poner de nuevo la palabra “BASTA” delante de sus ojos, esta cobró un nuevo sentido.

Todo aquello había estado bien hasta entonces, había sido incluso divertido, pero no le apetecía seguir por aquel camino. Podía doblar su riqueza, multiplicarla incluso por diez, pero el vacío que sentiría sería el mismo o peor.

Una vez en su ciudad, tomó una decisión radical. Dejaría de lado el mundo de los negocios para dedicarse a una misión que había estado llamando a las puertas de su conciencia desde hacía tiempo, aunque no quisiera oírla: procurar educación de calidad a las clases más desfavorecidas.

Cuando la mirada del hombre de negocios se desvió hacia la nueva tarea que tenía por delante, sintió que una energía juvenil bullía de nuevo dentro de su cuerpo. Empezó a proyectar cómo invertiría sus recursos para formar a profesores y maestros que impartirían sus clases a colectivos que no tenían acceso a esa clase de educación.

No tardó en tener un programa ambicioso, un equipo de colaboradores, un calendario, objetivos a medio y largo plazo. El empresario estaba ahora en el mejor momento de su vida. Después de años perdido, había encontrado el sentido de su vida, su ikigai. Terminó su discurso, que nos tenía capturados, con estas palabras:

—Ahora puedo decir que soy feliz. Me siento un hombre realizado y útil a la sociedad. Y os contaré un último secreto. Hoy día todo el mundo quiere estar en todas partes, comunicarse con todo el mundo, multiplicar su presencia. Existe la ilusión de que eso es el éxito, pero yo os digo que es absolutamente falso. El éxito se consigue justamente por el camino opuesto: cerrando puertas. Solo si cierras la puerta a todo lo que no es esencial podrás enfocarte en lo realmente importante y tener éxito como ser humano.

¡Feliz semana!

Francesc  

Comments

  • GulEN

    28 enero, 2020 - 12:03 pm

    İkigai-tHe best motivation book in the World-thank you for these books

    • Francesc Miralles

      28 enero, 2020 - 8:17 pm

      Thank you very much, Gulen!!

  • Lerida

    28 enero, 2020 - 3:00 pm

    ¡Me encantó, FRANCECS!!! A veces, tanto nos preocupa tratar de «abrir» puertas para ser felices y… El mejor camino quizás es poner el esfuerzo en «cerrar» las que lo impiden. Un enfoque en el que pocas veces nos detenemos a considerar. Gracias, querido amigo, por «mostrarmos» cada semana, estés donde estés, una nueva reflexión que nos ayude a ver ver con más claridad la senda que debemos tomar.
    ¡Feliz regreso! Un fuerte abrazo!!!

    • Francesc Miralles

      28 enero, 2020 - 8:18 pm

      Me alegra mucho que te haya inspirado la historia de este hombre sabio, querida Lérida! Un abrazo enorme!!

  • lydia otero

    28 enero, 2020 - 7:32 pm

    Hola Genís!! Et segueixo com sempre, i et felicito per la persona que ets i per les teves histories, que m’agraden com la primera vegada que les vaig escoltar. Un petó

    • Francesc Miralles

      28 enero, 2020 - 8:19 pm

      Quina sorpresa, estimada Lydia! Vaig sabent de tu de tant en tant quan passo per la llibreria del Toni 🙂 Un petó gegant!!!

  • Carme Garcia Gomila

    28 enero, 2020 - 9:29 pm

    Ei Francesc quina GIRA!!! Espero que no t haguem de dir PROU! Com la mare del protagonista de la historia… Ara estats units i RUSSIA!!! De moment dic ENHORABONA!!!

    • Francesc Miralles

      29 enero, 2020 - 7:15 pm

      Moltíssimes gràcies, Carme!!! Hem de fer un altre dinar terapèutic dels nostres!! :**

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