Lo que Frank Sinatra sabía

Buenas tardes,

Últimamente doy tan a menudo conferencias de Ikigai (a veces más de una por semana), que a veces tengo miedo de que, en el futuro, pueda padecer el síndrome de Manolo Escobar.

En una de las últimas entrevistas concedidas por este cantante andaluz antes de su muerte, reconoció: “estoy del Porompompero hasta los cojones”, en referencia a un hit que había tenido que interpretar miles de veces, porque el público lo reclamaba.

Muchos otros artistas se encuentran en esa misma situación. Los Rolling Stones siguen cantando Satisfaction en cada concierto desde 1965, y Paul Macarney celebrará este nuevo año su gira de 60 aniversario en los escenarios —ahí es nada— tocando los temas de siempre, para no decepcionar a ningún espectador.

Tanto los Stones como el exBeatle han declarado —cada cual a a su manera— que haber tocado diez mil veces un tema no supone ninguna tortura para ellos, ya que el entusiasmo del público les carga las pilas y hace que merezca la pena.

Una actitud vital generosa que contrasta con la de otros genios como Bob Dylan, que además de no tocar apenas hits es capaz de dar un concierto de espaldas al público. No creo que eso le haga más feliz que Mick Jagger o Paul McCartney, más bien todo lo contrario, pero esa es su opción personal.

He pensado en estas dos posturas ante la vida, que no son exclusivas de los artistas, sino que están en la mano de todo el mundo, en un concierto al que acudí hace unas cuantas noches.

No diré el nombre del músico porque no me gusta criticar a nadie. Baste saber que actuaba en Barcelona un artista muy joven y talentoso del centro de Europa. Yo ya había ido a Madrid a verlo, cuando nadie le conocía, y desde entonces debo de haber regalado su único disco a una decena de amigos.

Esperaba este concierto de diciembre desde hacía muchos meses, al igual que buena parte del público que, emocionado, abarrotaba la sala, porque mientras tanto se ha convertido en una celebridad de la música indie en todo el mundo.

El concierto empezó y el artista empezó a interpretar sus canciones, con una técnica perfecta y una voz sublime, pero sin mirar al público. Saludó escuetamente un par de veces a lo largo del show y fue haciendo su setlist, un tema tras otro, como quien se entrega a un trabajo con precisión pero con ganas de terminar.  

Se encargó de confirmar esto mismo cuando, en una de las pocas frases que soltó, dijo que tenía ganas de que llegara ya la Navidad para volver a casa y estar con la familia y los amigos.

Todo ok, pero me pareció poco delicado hacia el público que aguantaba de pie la sala, donde hacía un calor de mil demonios.

Salí del concierto impresionado por su técnica instrumental y por el virtuosismo de su voz, que no desafinó una sola vez ni en los pasajes más difíciles, pero regresé a casa con una sensación de vacío. Acababa de ver a un genio que exhibe su talento, pero no a un hombre que entrega su corazón a los demás. Podría haber escuchado el disco, cómodamente desde casa, y habría sido lo mismo.

Aquella noche recordé, por contraste, la suerte que tuve de asistir a un concierto de Frank Sinatra al final de su vida.

Un accidente técnico hizo que el show fuera cualquier cosa menos perfecto, ya que un cortocircuito fundió el sistema de sonido justo antes de empezar, con lo que se avisó al público de que el concierto sonaría a un tercio del volumen previsto. Aun así, el crooner saldría para dar lo mejor de sí mismo.

Y así fue. Asumiendo aquel contratiempo, el viejo Frank empezó a enlazar clásicos con el cuidado de la primera vez, y no dejó uno solo por cantar. Entre tema y tema charlaba con el público, con cariño y sin prisas, pedía perdón por el sonido insuficiente que nos obligaba a contener el aliento, presentaba aquellas canciones cantadas una y mil veces, daba las gracias de nuevo a todos por estar allí, con él y por él.

La gente lloró con himnos como My Way y Frank parecía saberlo, contagiado de aquella misma emoción. Dio todos los bises que su público le pedía y más. Al final, exhausto, sudado y feliz, se sirvió un Jack Daniels, encendió un cigarrillo con calma y dijo: “Lo único que lamento es no ser un poco más joven para poder volver a Barcelona”.

Murió pocos años después, pero creo que los que estuvimos allí nunca olvidaremos lo que sucedió en aquella velada.

Visto con retrospectiva, me doy cuenta de que la entrega de Sinatra a su público era total porque “la voz” sabía muchas cosas. Sabía que había gente que llevaba toda una vida esperando aquel momento, ya que a sus 76 años era su primer —y último— concierto en Barcelona. Sabía que en el recinto, en las localidades de menos precio, había trabajadores que habían entregado muchas horas de duro trabajo para lograr comprar una entrada. Sabía que aquel encuentro era único —una muestra de Ichigo Ichie—, y que de él dependía el recuerdo que los espectadores se llevarían para siempre.

Consciente de todo esto, Sinatra pertenecía al público, y si había que cantar tres horas, como Leonard Cohen en sus últimos tiempos, iba a hacerlo. Sabía que estaba allí para hacer disfrutar a la gente, no había otro motivo, y se sentía privilegiado por eso.

A pequeña escala, en nuestra vida personal todos decidimos si queremos vivir como Dylan o como Sinatra, de espaldas a la gente o con los brazos abiertos. ¿Cuál es tu postura hacia los demás, hacia la vida?

Esto es lo que marca la diferencia entre una velada memorable y un trámite, entre lo excelso y lo rutinario, y es así en cada acto que nos conecta a los demás. Como decía la gran Maya Angelou: “Las personas olvidarán lo que dijiste y lo que hiciste, pero nunca olvidarán cómo las hiciste sentir.”

Feliz semana,

Francesc

Comments

  • Delia Sosa

    16 diciembre, 2019 - 10:39 pm

    QUÉ HERMOSO Y PROFUNDO TU MENSAJE fRANCESC!!! cOMO SIEMPRE… COMO TODOS… CALA HONDO! ES ASÍ REALMENTE… CÓMO NOS DEFINE NUESTRA ACTITUD ANTE LA VIDA!!! ES “A MI MANERA” COMO DEBEMOS VIVIR Y “HACER SENTIR” A LOS DEMÁS. MUCHAS GRACIAS POR TODO LO QUE NOS HAS BRINDADO EN ESTE AÑO, POR TU GENEROSIDAD QUE NOS HA HECHO SENTIR TAN BIEN Y TE DESEO LO MEJOR PARA EL nuevo año. un abrazo muy fuerte y todo mi cariño!

    • Francesc Miralles

      20 diciembre, 2019 - 6:17 am

      Muchas gracias por tu atenta y cariñosa lectura este año, Delia! Otro abrazo muy fuerte y muy felices fiestas!!

  • Ale

    17 diciembre, 2019 - 12:23 am

    excelente post. Yo elijo a diar el modo Sinatra. Tengo la fortu de trabaj en lo que amo♥️

    • Francesc Miralles

      20 diciembre, 2019 - 6:18 am

      Felicidades entonces, Ale :)) ♥️♥️

  • Lérida Sosa

    17 diciembre, 2019 - 7:43 am

    ¡Me encantó tu post, Francesc! Me emocionó, me hizo pensar en tantas vivencias, en las que primaron estas dos posturas y, qué diferente te hacen sentir… Es realmente como vivir una velada memorable y algo rutinario!
    ¡Gracias por regalarnos estas Monday News que nos hacen sentir tanto!!
    ¡Un abrazo muy fuerte!

    • Francesc Miralles

      20 diciembre, 2019 - 6:22 am

      Yo creo que tú eres de la escuela de Sinatra, querida Lérida :)) ¡Gracias a ti por darme una razón para escribir estas Monday News! Abrazos desde Okinawa ahora mismo!

  • Francisco

    17 diciembre, 2019 - 11:33 pm

    Interesante reflexión Francesc, hay que ponerse en el lugar y ya veríamos como reaccionamos, pero tengo claro que no te vas a cansar de contar y convencer de que debemos encontrar nuestro Ikigai en la vida, siempre lo harás con pasión, pues crees en ello y tu vida apasionada te ha llevado a encontrarlo y poder contarlo. Se puede decir que has hallado el porompopero de tu vida. Y como la vida no la entendemos si no es con pasión, creo que nunca le darás la espalda a tu creación, quien aborrece a un hijo que te lo ha dado todo, quien puede mirar a un semejante sin mostrar emoción, la verdad que resulta más complicado que emocionarse.
    Feliz semana Francesc y buena entrada ya inevitable en las apasionadas fiestas navideñas.

    • Francesc Miralles

      20 diciembre, 2019 - 6:20 am

      Lo has explicado muy bonito, como siempre, Francisco!!! Nos vemos en Logroño el día 9 😉 ¡Felices fiestas mientras tanto!

  • Francisco

    20 diciembre, 2019 - 8:17 am

    !Olé, genial que alegría¡

    • Francesc Miralles

      23 diciembre, 2019 - 2:51 am

      😉 :**

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