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Lo mejor de lo peor

Buenas noches,

Tras una dilatada ausencia, escribo esta madrugada de miércoles para recuperar los buenos hábitos. Y porque tengo una historia fuerte que contar, lo cual no significa que sea buena ni agradable, al menos para mí.

Camino de Tiflis, la capital de Georgia donde se acaba de publicar Ikigai, empecé a leer la autobiografía que ha escrito Oliver Stone. Todavía no traducida al castellano, Chasing the light abarca desde la infancia del director hasta los 40 años, cuando le llegó el éxito con Platoon. Está maravillosamente bien escrita.

En la breve introducción que acompaña estas memorias, al mirar su pasado lleno de escasez y dificultades, el autor hace la siguiente reflexión:

La verdad es que, más allá de las satisfacciones de las que he gozado en la última parte de mi vida, creo que nunca he sentido tanta excitación o adrenalina como cuando no tenía dinero. Un amigo inglés de extracción muy humilde una vez me dijo: “Lo único que el dinero no puede comprar es la pobreza”. Tal vez quería decir “felicidad”, pero lo cierto es que el dinero te da un determinado sesgo, y sin él, te guste o no, te haces más humano. De alguna manera, es como volver a ser un soldado para quien cualquier comodidad, sea una ducha caliente o una comida en condiciones es una fiesta.

“¡Wow!”, pensé al leer esto, y tuve que recordar nuevamente este párrafo en mis últimas horas en Tiflis. La campaña de medios para promocionar Ikigai en georgiano había sido un éxito, y en la presentación firmé más de sesenta libros. Me sorprendió que muchos lectores tenían ya la versión inglesa y conocían nuestra obra desde hace años.

Como la calma que precede a la tormenta, mientras celebraba todo esto con mis editoras en un delicioso restaurante del casco antiguo, me llegó la bomba a través del teléfono móvil. De repente, supe que la factura más importante que he emitido este año (de la cual debo pagar la mitad a Hacienda), correspondiente a casi un año de trabajo para una empresa, había sido pagada dos días antes. Pero no a mí.

Un hacker que había logrado colarse en mis e-mails, al ver el importe de la factura, se las apañó para mandar desde mi correo una factura rectificada con la nueva cuenta bancaria que —supuestamente— yo me había abierto para percibir esa cantidad. Y, por si cabía duda, agregaba un certificado de titularidad bancaria, tan falso como convincente, de un banco donde yo jamás he tenido cuenta.

El truco coló, y el resultado es que el pago por todos estos meses de trabajo ha ido a una cuenta ajena en uno de los agujeros negros de internet.

AVISO PARA NAVEGANTES: si alguna vez debéis pagar a alguien y ese alguien os comunica días antes por e-mail que acaba de cambiar de cuenta bancaria, llamad por teléfono a la persona en cuestión para que os confirme que es ella, porque hay una probabilidad alta de que se trate de una suplantación y una estafa (SEGUIMOS >)

No os aburriré con las gestiones kafkianas que supondrá intentar recuperar ese dinero, pero en honor al título de este Monday News (tamaño King Size para compensar) voy a tratar de enfocarlo en positivo. Veremos qué es lo mejor de lo peor que puede pasar, pero antes quiero contar cómo siguió esta tarde que prometía ser muy feliz y se fue torciendo de forma peligrosa.

Debido a un retraso en mi primer vuelo, al aterrizar en Estambul para tomar el avión a Barcelona faltaban apenas 20 minutos para el despegue. Con la señal roja de LAST CALL en los paneles, tenía que atravesar aún todo el aeropuerto para llegar a la puerta de embarque.

Mientras hacía cola en el control de pasaportes, me veía más en tierra que volando. Aun así, decidí no perder la fe y me pegué una buena carrera por el Aeropuerto Internacional de Estambul

Logré llegar por los pelos, cuando los últimos pasajeros entraban en el avión antes de cerrar compuertas. Pero entonces sucedió algo más. Justo delante de mí, un hombre joven de expresión desencajada empezó a hacer aspavientos con los brazos, mientras su cuerpo sufría sacudidas y parloteaba de forma incomprensible.

Sin entender cómo había conseguido pasar el control de pasaportes y el acceso a la nave, el hecho es que estaba ya entrando en el avión, delante de mí, y yo me decía: “Este hombre no puede volar. La va a liar parda”.

Viendo cómo avanzaba la tarde, que el extraño y convulso pasajero ocupara el asiento a mi lado era lógico y previsible. Sin embargo, justo entonces vino una azafata para pedirle su tarjeta de embarque. Y se produjo la siguiente conversación:

AZAFATA — Necesito ver su asiento. ¿Me muestra la tarjeta de embarque?

ÉL sacude la cabeza y saca el móvil. Su cuerpo está tan descontrolado que no acierta a tocar la pantalla.

AZAFATA — Lo siento, pero tengo que ver su número de asiento.

ÉL (mostrando el móvil) — Está en algún lugar de aquí dentro.

AZAFATA — Necesito comprobar que este es su asiento.

ÉL — Pues yo me siento de lo más cómodo aquí.

Finalmente, la azafata se lo llevó, tirando de su bolsa para que le siguiera. No sé si fue expulsado del avión o lo acomodaron en primera. Deseo de todo corazón que fuera esto último.

Y, lo prometido es deuda, tras todos estos acontecimientos, veamos qué es LO MEJOR DE LO PEOR:

  • Una gran calamidad, como el robo que he sufrido, genera una amabilidad exquisita en los demás. He recibido toda clase de llamadas, desde personas que querían brindar su ayuda a las que me ofrecían dinero por si necesitaba pagar el alquiler.
  • Siguiendo lo que los americanos llaman Worst Case Scenario, siempre podría ser peor. Tal como le he comentado a una de las primeras personas con las que he gestionado este tema: “Mejor esto que estrellarse contra un muro yendo a 120 km/h en la autopista.”
  • Después de una catástrofe, para levantar los ánimos hay que celebrar cada pequeña victoria. No perder el avión y poder llegar a casa ha sido una. La otra, mucho más ligera, no tener que estar tres horas y diez lidiando con un pasajero en plena crisis nerviosa.

En fin, quizás la mejor noticia es que seguimos vivos y podemos contarlo.

Gracias por seguir aquí,

Francesc

PD. A l@s amig@s personales que me leéis, os ruego que no me preguntéis en privado por el robo. Una vez explicado aquí, es una experiencia que me resulta muy desagradable y quiero pasar página (Lo que queráis comentar, ponedlo aquí y ya está.)

Comments

  • Esther

    16 junio, 2022 - 2:24 pm

    Hola! Estuve en Tiflis hace muchos años. Momentos políticos complicados. Fue una gran experiencia en mi juventud. Ikigai fue un libro que me influyó. Incluso con amigas hicimos un recital con este nombre. Gracias. Gracias por poder seguir adelante pese a las dificultades de la supervivencia. Gracias por compartir.

  • Francisnco

    19 junio, 2022 - 7:44 pm

    Hola Francesc, siento mucho lo ocurrido y seguro que se recuperará pronto. Sólo quiero felicitarle por su ultimo libro, 20 preguntas existenciales e disfrutado mucho leyendo y nuevamente le agradezco sus enseñanzas . Un fuerte abrazo.

  • Jose angel Montero berzosa

    20 junio, 2022 - 9:33 pm

    Hola francesc !!! DefinitiVamente te ha mirado un tuerto . Estoy con tu ultimo libro y me esta gustandO ( menos que los lobos ) pero me gusta . Vete al cine a ver mR. wAIN que te gustara . Un abrazo

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