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Las nieblas de la memoria

Buenos días,

Hoy sí, Monday News en lunes y además a una hora prudente. Tal como anuncié, no voy a hablar de libros, pero sí de la misteriosa enciclopedia de recuerdos que es la memoria.

¿Qué hace que recordemos fielmente algo que leímos o una frase que nos dijeron de niños y, en cambio, olvidemos días o semanas enteras de nuestra vida?

Ese es mi caso. Soy capaz de reproducir pasajes enteros que leí hace años, o recordarle a alguien algo que contó con sus mismas palabras, pero muchas otras cosas desaparecen en el agujero negro del olvido.

Prueba de ello es lo que me sucedió hará algo más de un año. Tras presentar a una autora que había sido alumna nuestra, se me acercó su marido para agradecerme lo sucedido una semana de primavera cuando teníamos 17 años.

Al parecer, durante un viaje del instituto a Florencia, se presentó al pequeño grupo que formaba yo con mis dos mejores amigos. Él era de otra clase y no conocía a nadie del grupo, así que lo incorporamos a nuestra cuadrilla y estuvimos una semana compartiendo aventuras. Íbamos juntos a todas partes, incluyendo un viaje en tren que hicimos por nuestra cuenta para presenciar un partido de fútbol en el campo del Empoli.

Me dijo que lo habíamos tratado de maravilla, como a un amigo más, y que gracias a eso vivió un viaje a Italia fabuloso.

Tengo viva en la memoria esa semana en Florencia, lo del partido e incluso el pub al que íbamos cada noche, L’angelo azzurro, y cómo era el local, la luz y la decoración. Incluso la música que sonaba. Pero no tengo recuerdo alguno de que hubiera una cuarta persona con nosotros. Ni una sola imagen borrosa. Al hablar con aquel hombre encantador, al término de la presentación, fue como si le conociera por vez primera.

Este inicio de año he comprobado, con una mezcla de alivio y turbación, que no soy el único al que le suceden estas cosas. PCR mediante y cumpliendo todos los requisitos, hemos volado unos días a Tenerife a descansar del clima gélido de Barcelona. Pasamos el fin de año solos, mirando los fuegos artificiales sobre el mar desde el balcón de nuestro apartamento. Las campanadas las marcaban las sirenas de los barcos.

Foto tomada por Anke Luckman a finales del siglo pasado.

La última vez que estuve aquí fue hace 20 años, cuando vine a visitar a un tinerfeño que una amiga fotógrafa me había presentado en Barcelona, en una fiesta de escritores que organicé. Me invitó a ir a su casa, en la Orotava, y estuvimos una semana dando vueltas por la isla y charlando de mil cosas.

Por aquel entonces, mi nuevo amigo acababa de abrir una agencia inmobiliaria y contaba anécdotas muy graciosas. Recuerdo la de una mujer que buscaba una vivienda a nivel de calle porque su madre iba en silla de ruedas. Él ya le había enseñado todas las que tenía de esas características, pero ninguna le encajaba.

Pensando que el joven API le estaba ocultando propiedades, la mujer empezó a llamar desde teléfonos desconocidos para concertar cita y ver otros apartamentos de la agencia. Llegaba de incógnito y cuando mi amigo, sorprendido de verla allí, le mostraba el piso, ella gritaba escandalizada: “¡¡Hay escaleras!!

Él desesperaba y, con la yugular hinchada, le decía: “Señora, sé lo de su madre, y ya dije que no tengo…

Hagamos un salto al futuro que es hoy. 20 años más tarde, sin haber tenido más contacto entre medio, me reencuentro con él en La Laguna. Los dos estamos muy contentos de vernos y él recuerda con cariño aquella fiesta para escritores en la que nos conocimos.

Nosotros, 20 años y algunos meses después

La verdad es que he organizado tantísimas fiestas en mi vida —creo que es un don oculto que tengo— que no recuerdo aquella en concreto, lo cual es normal. Pero ahora viene lo bueno…

Él no se acuerda en absoluto que yo viniera a visitarle en el año 2000. Se sorprende al oírme decir que estuve una semana con él, en su casa, que dimos vueltas por la isla y que me contaba sus inicios en el mundo inmobiliario. Cuando le explico la anécdota de la señora de las escaleras, estalla a reír. No se acuerda tampoco de esa clienta, pero le resulta muy divertida la historia.

Abrumado, me doy cuenta de que en su memoria yo nunca estuve allí, como en la mía nunca ha estado el chico amable de la cuadrilla de Italia. Eso me lleva a preguntarme: ¿y si muchas cosas que creemos haber hecho —y que nadie más recuerda— fueran solo un sueño?

¡Feliz primera semana del año!

Francesc

Comments

  • Lérida

    4 enero, 2021 - 11:47 pm

    ¡Muy interesante el Post, Francesc!! Creo que a todos nos ha pasado alguna vez algo similar. ¡Vale que nos hagamos tu pregunta final!!
    Gracias por compartir. Un abrazo muy fuerte!!!

    • Francesc Miralles

      6 enero, 2021 - 8:42 am

      ¡Muchas gracias, querida Lerida! Un abrazo muy fuerte y feliz semana!!!

  • AdrY

    9 enero, 2021 - 9:36 pm

    ExcElente reflexion, gracias Por comparTir las nieblas de La memoria, son momentos en nuestras vidas que sin duda tOdos hemos vivido, Y nunca nos hemos hecho la ultima pregunta. Te mando un fuerte abRazo!!! feliz 2021 😊

    • Francesc Miralles

      11 enero, 2021 - 5:06 pm

      ¡Otro abrazo fuerte para ti, Adry!

  • ferran

    11 enero, 2021 - 8:47 pm

    ¡Guau!, La pregunta se las trae.
    La pregunta me ha hecho recordar el libro “El mundo de Sofia” de Jostein Gaarder, y al planteármela en serio, no se que responder, no puedo decir ni sí ni no de manera rotunda y reconozco que a mi también me ha pasado. Gracias por compartir.
    Ferran

    • Francesc Miralles

      11 enero, 2021 - 10:18 pm

      Muchas gracias por leer y comentar, querido Ferran :)) ¡Abrazos!

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