Ichariba choodee

Buenas noches,

Es muy común hacernos nuevos propósitos al terminar el año, pero más interesante todavía es recuperar los que nos hicimos el año anterior y ver si los hemos cumplido. ¿Cuáles eran los tuyos y que sucedió con ellos?

Examinando mi 2019, me siento orgulloso de haber cumplido al menos un propósito: no enfadarme. Eso no quiere decir que si me pisan en el metro o alguien me trata de forma grosera no me enfade en el momento, pero no permito que la ira dure más allá de un minuto.

Sea lo que sea que haya ocurrido, paso página. Si tengo que prescindir de alguien o algo, o bien manifestar que no estoy de acuerdo, lo hago en su momento, pero sin acritud. Así puedo, acto seguido, ocuparme de otras cosas sin el «run run» mental que es un sinvivir.

Sobre esto, quisiera añadir algo que no comenté en mi relato sobre nuestro regreso a Okinawa con National Geographic.

Una de las cosas que sorprenden a los investigadores es que sea justamente esta isla el lugar donde más se vive del mundo, siendo la prefectura más pobre de Japón. Un lugar donde, además, en la II Guerra Mundial hubo 110.000 muertos —muchos de ellos civiles— en la invasión por Tierra de las tropas norteamericanas.

La base que los vencedores mantienen hoy día en Okinawa es la mayor que existe fuera de Estados Unidos. Viven 20.000 norteamericanos con escuela, supermercados, un campo de golf… Se dice que las mejores playas de Japón quedan dentro del recinto cerrado de Kadena, como se llama esta enorme ciudad militar.

En cualquier otro sitio sería de esperar un rechazo frontal de la población local, incluso odio a causa de la brutalidad de la guerra y los miles de muertos entre los ancestros. Pero lo sorprendente es que no es así.

Además de los que viven y trabajan dentro de Kadena, en el resto de la isla hay muchos norteamericanos que han decidido establecerse allí. Muchos tienen una pareja local, hablan japonés y viven con gran respeto y felicidad en la cultura que les ha acogido.

Al preguntar a Adam Lewis, el fixer de nuestro documental, cómo se siente tras quince años viviendo en Okinawa, en una casita frente al mar con su mujer y su perro, nos contestó:

“Maravillosamente, la gente de aquí siempre me ha tratado con gran cariño. ¿Sabes? Vosotros que investigáis la longevidad, creo que el gran secreto de los okinawenses para vivir tanto tiempo es su filosofía del perdón. No solo han sabido perdonar todo lo que sucedió, sino que te acogen como a un amigo.”

Esta actitud vital está muy enraizada en la cultura de Okinawa, ya que una de sus máximas sociales es el Ichariba choodee, que se traduce como «Una vez nos conocemos y charlamos, pasamos a ser hermanos».

Una actitud extraordinaria que explica por qué la gente de esta isla está casi siempre de buen humor y en buenos términos con los demás. Sin duda, esto contribuye a alargar su vida y, además, la hace mucho más placentera.

Lo contrario, andar siempre enfadado, resentido, en guerra contra quienes piensan diferente —solo hay que observar el parlamento de este país—, además de ser una autopista para la hipertensión, el estrés y la ansiedad, entre otros trastornos que acortan la vida, es un seguro de infelicidad.

«La vida es muy breve y no hay tiempo para quejarse y pelearse.», cantaban los Beatles en We can work it out.

Lo peor de estar enfadado con alguien —a veces familiares muy cercanos—, es que mantener ese estado supone una carga que hay que llevar a todas partes.

Podemos creer que esa persona ya no nos importa, que la ignoramos o despreciamos, pero el enfado hace que siga presente, como el negativo de una foto, y que de forma recurrente vuelvan a nosotros escenas y pensamientos que alimentan el resentimiento.

Aunque sea alguien que ya no nos interesa, solo si la perdonamos de corazón nos liberaremos de él o ella, como un fantasma que abandona para siempre la casa donde hace sus apariciones.

Como le decía a un buen amigo esta Navidad, que volvía a ver a alguien muy importante tras un largo alejamiento, es más importante vivir tranquilo que tener razón.

¡Feliz semana!

Francesc

Comments

  • Lérida Sosa

    7 enero, 2020 - 7:04 am

    Buenisímo tu Post, francesc, como siempre!!! Toca muchos aspectos y circunstancias que vivimos. Ayudas a reflexionar y tenerlos en cuenta, para que, al menos si no los cambiamos en el 2019, lo tengamos en cuenta para este. ¡Gracias, realmente eres mi gurú!
    Si todos y cada día practicáramos lo que significa Ichariba choodee, que diferente sería el mundo y qué bien nos sentiríamos, ¿verdad?
    ¡Feliz semana, Francesc! y un abrazo muy fuerte

    • Francesc Miralles

      10 enero, 2020 - 8:23 am

      Yo creo que tú estás dentro de la filosofía Ichariba choodee aunque no vivas en Okinawa, querida Lérida. ¡Un abrazo muy fuerte!

  • FRAN RAMOS

    20 enero, 2020 - 12:49 pm

    Qué buen consejo, Francesc: elegir la paz por encima del tener razón y qué difícil para el ego en esta sociedad del «triunfo».
    Hace años, asistí a un retiro de perdón, de origen japonés, llamado Naikan, aquí en Catalunya, para superar una relación muy difícil de infancia. Se baSÓ en vida sencilla de retiro, comida frugal y algo de trabajo y un gran ejercicio de perdón hacia esa relación durante 4 días.
    Fue muy liberador y revolucionó toda mi vida y, en particular, la relación con dicha persona, que renació. desde entonces creo que el perdon es efectivamente un gran arma que practicada con sinceridad, beneficia, en primer lugar, a uno mismo! precioso tu post. enhorabuena por tu logro de 2019 😉

    • Francesc Miralles

      20 enero, 2020 - 9:45 pm

      Tienes mucha sabiduría, Fran. Sin duda, ese retiro al que asististe te hizo dar un salto cuántico en tu evolución personal.¡Felicidades! Una abrazo muy fuerte desde Bombay ahora mismo.

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