Felicidad analógica

Buenos días,

Todos los que tenéis cierta edad lo habéis vivido. Salir con una cámara con un film de 36, pensando muy bien dónde y cuándo hacer «click». Llevar el carrete a revelar y esperar diez o doce días a obtener las copias. Al abrir el sobre, sorprenderte de que hay dos o tres realmente buenas y mostrarlas como tesoros.

Cuando recuperamos un álbum de viejas fotografías, tenemos la sensación de hallarnos ante una exposición de arte, además de ser un yacimiento de arqueología personal. ¿Podemos decir lo mismo de los miles de imágenes que se acumulan hoy en día en la memoria de un móvil?

Los que me conocen saben que voy a muchos conciertos a lo largo del año. La magia del directo es, justamente, que cada canción se interpreta, mejor o peor, de forma única. Siempre que estés ahí para oírlo y verlo con tus propios ojos, claro.

Cada vez es más común ver a espectadores que se pasan el concierto grabando con el móvil sus canciones favoritas. Pendientes de enfocar y de que no se mueva demasiado la mano, se pierden la magia del instante. Son filmaciones sin sentido, movidas por el anhelo de conservar algo que, cuando quieres enlatarlo, ya lo estás perdiendo.

Porque, ¿quién querrá ver luego esos miles de fotos y vídeos guardados para nada?

Pensando en todo esto, a veces asocio la felicidad a lo analógico y la infelicidad a lo digital. Tal vez porque, como dicen los expertos en marketing, la escasez crea valor.

Cuarenta fotos de papel en un álbum tienen un valor sentimental mucho mayor que cuatro mil en una memoria digital que nos produce fatiga solo de pensar en todo lo que hay ahí. Del mismo modo, un libro encargado a una librería, cuidadosamente escogido y que tarda su tiempo en llegar, procura más felicidad que una plataforma donde leer cien mil libros.

Por el mismo motivo, una cita en un café con un amigo alimenta mucho más el alma que diez mil likes en una red social, y una caricia real tiene más impacto que el más poderoso dispositivo de realidad virtual.

En esta época de infoxicación (intoxicación por exceso de información), multitasking y agotadora dispersión, empiezo a pensar que para recupera la vieja felicidad tendremos que regresar a lo analógico.

Reír y abrazarnos en directo, hablar sin artilugios, caminar libres por las calles, ver el mundo con nuestros propios ojos, llenar libretas de proyectos y sueños, leer en un banco o en un café un viejo libro que es un amigo y un viaje en el tiempo.

Para que estos «chutes» de felicidad analógica funcionen, hay que dejar el Smartphone en casa o, como mínimo, silenciarlo para que no interfiera con la experiencia real. ¿Seremos capaces de hacerlo?

Por mi parte, ya tengo preparada una cámara analógica Lomo LC-A para, en mi próximo viaje a Nueva York, hacer solo algunas fotos con carrete. También vuelvo a llevar conmigo una estilográfica y una libreta en el bolsillo, como en mi adolescencia,  para tomar notas a mano en lugar de usar el móvil.

De aquí unas semanas, compartiré los resultados de esta pequeña revolución analógica con la que quiero volver a experimentar la felicidad por caminos más simples y cercanos al alma.

¡Feliz lunes!

Francesc

PD. La de la cabecera es la primera cámara que me regaló mi madre siendo un niño. Mi abuela se enfadó mucho con ella porque decía que nos generaría mucho gasto en carretes y revelados. Y fue cierto, pero ningún regalo me ha dado jamás tanta felicidad durante tantos años.

Comments

  • Lérida Sosa

    29 octubre, 2019 - 12:07 am

    Estoy muy de acuerdo contigo, francesc, no solo con la fotos sino también con lo de los libros. Y sí, si estás en un espectáculo en vivo, sacando fotos te pierdes lo mejor. Me parecen válidas cuando no puedes estar presente y por lo menos, que veas algunas imágenes te «acercan» vivencias.
    Muy bonita la maquina, nosotras tuvimos una kodak que salió buenísima!
    ¡éxitos con la experiencia de experimentar la felicidad por caminos más simples!
    y muy feliz semana. ¡Un fuerte abrazo!

    • Francesc Miralles

      29 octubre, 2019 - 10:25 am

      Muchas gracias, querida Lérida!! Un abrazo muy fuerte desde Córdoba, ahora mismo!

  • Delia Sosa

    30 octubre, 2019 - 3:11 am

    hermoso tu post francesc y cuánto lo comparto!!! son las pequeñas grandes cosas de la vida las que hacen que la vivamos plenamente. Y cuántas veces las dejamos pasar por querer abarcar tanto… Una puesta de sol, una caricia, un abrazo, un gesto lleno de ternura… vivimos queriendo no desperdiciar nada de lo que nos ofrece la tecnología muy avanzada pero que ha dejado tan atrás la «esencia» que es lo que nos permite disfrutar de lo que tú mencionas: la felicidad analógica. gracias por tu rico compartir y esperamos dentro de unas semanas tus hermosas experiencias. Feliz retorno a ese tiempo que tanto añoramos. Un abrazo muy fuerte

    • Francesc Miralles

      30 octubre, 2019 - 10:15 am

      Gracias por tus bellas palabras, Delia :)) Transmiten totalmente la felicidad analógica. ¡Un abrazo enorme!

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