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Érase una vez en el desierto

Buenas noches,

Nunca he sido amigo del calor. Huyendo del sol, en mi adolescencia soñaba con trasladarme a alguna aldea del ártico. Me identificaba con la nieve y la oscuridad, idealizando una vida solitaria en medio del hielo.

Pero es bien sabido que en aquello que rechazas te aguardan lecciones secretas. Esto me digo, para animarme, al bajar con mi compañera del vuelo de Aeroméxico en la norteña ciudad de Mexicali. Tras 24 horas de viaje, nuestros buenos amigos de Educación Solidaria nos recogen para llevarnos a su coche, estacionado en un parking bajo la solana.

Salir del pequeño aeropuerto es como entrar en un horno crematorio. Debemos de rondar los 50 grados y para la semana que viene se esperan 52. La temperatura máxima de Mexicali está solo dos grados por debajo de la del Valle de la Muerte, no muy lejos de aquí, que marcó los 56’7 grados un mes de julio de 1913.

Sentado junto al director del proyecto, mientras trato de no sucumbir al pánico, él me explica que hasta principios del siglo XX a nadie se le había ocurrido vivir en este desierto. Algo lógico, pues no parece apto para la vida. Además del calor extremo, es el lugar más seco y con más sismos de toda la región.

Contra todo pronóstico, la ciudad sería fundada por los chinos. Estos trabajadores llegados de Oriente construyeron el tren que cruza el Golfo de México, lo cual abrió las puertas a la industrialización en los márgenes del río Colorado.

Terminada la obra, decidieron establecerse en lo que hoy es Mexicali. Entre 1910 y 1920 fundaron “la Chinesca”, un barrio con hogares excavados bajo tierra para protegerse del sol aplastante.

La esforzada población china logró prosperar a base de grandes sacrificios, pero al parecer eso despertó la antipatía de algunos locales. En la década de 1930, la Chinesca ardió misteriosamente, provocando la desbandada de sus habitantes hacia el norte de California.

Hoy en día la población china de Mexicali mantiene un perfil bajo, aunque la comida típica de la ciudad es la china, con más de 200 restaurantes. No les ves pero están, como demuestra este cartel que encontramos ayer por la noche al pasear por el desolado centro de la ciudad.

Ciudad fronteriza, Mexicali atrae a inmigrantes de toda Sudamérica que quieren “brincar” al otro lado del muro. Justo detrás de la valla está la calle principal de Calexico, con sus casas impecables, tiendas y restaurantes.

El motivo de que estemos aquí, y en Tijuana en unos días, es trabajar para los niños de los hogares de acogida. Con mi compañera vamos a dar formación a los profesores y voluntarios que trabajan día a día para dar autoestima y un futuro a estos chicos y chicas que llegaron al mundo con las peores cartas.

Aunque he trabajado en cooperación desde muy joven, reconozco que yo aquí soy solo un aprendiz. Los verdaderos maestros son los voluntarios de los distintos centros y “escuelitas” donde se acoge y enseña a niños que de otro modo vagarían por las calles. Estos héroes cotidianos abarcan un amplio espectro: hay adolescentes, a menudo formados en estas mismas instituciones, pero también ancianos.

Hay personajes como Don Pájaro (en la foto que sigue), que se sienta en una mesita bajo un árbol y pide a los niños que le expliquen el libro que han recibido en préstamo el día anterior. Si Don Pájaro nota que el pequeño solo se ha leído el principio y el final, para quedar bien, le invita a leer en su presencia la parte del medio.

Un caso más extraordinario, si cabe, es el de doña Carmen, que ha habilitado el patio de su casa para enseñar a leer a los niños, que pueden entrar y salir a cualquier hora del día. Solo topó con una dificultad en su proyecto, y era que ella misma no sabía leer, así que tuvo que pedir a su hijo que la instruyera para poder ejercer finalmente de maestra.

Así es la gente de Mexicali, donde esta tarde empiezo mi tarea. Después de dos días aquí, ya no me dan miedo los 50 grados. Solo me inquieta no estar a la altura de estas almas inconformistas y profundamente generosas.

¡Seguiremos informando!

Feliz semana,

Francesc

Comments

  • ferran

    15 julio, 2021 - 5:23 pm

    Guau!!!
    Una vez más me quedo sin palabras y removido. Un montón de sentimientos me recorren por dentro.
    Me encantaría vivir la experiencia, en mi nuevo camino sin duda lo haré si se me brinda la oportunidad y haré para que se brinde.
    Creo que las historias que cuentas de Don Pájaro y Doña Carmen, son historias que van de corazón a corazón y eso es lo que las hace…mágicas…conmovedoras. Me encantan.
    Imagino que cuando uno no tiene mucho, no le queda más que compartir su corazón, compartir-se.
    Para mí, al final, ese podría ser uno de los posibles sentidos de la vida.
    ¿Estar a la altura? ¿Qué altura? Apuesto a que sí, no hay duda.
    Te deseo muchas y bonitas experiencias de vida. Un abrazo.
    Ferran.

    • Francesc Miralles

      22 julio, 2021 - 4:45 am

      Querido Ferran, si en tu vuelta al mundo pasas por México te daré el contacto de esta fundación para que puedas colaborar :)) Así conoces a Don Pájaro, a Doña Carmen, al Padre Daniel y a otros genios. ¡Un abrazo enorme!

      • Ferran

        22 julio, 2021 - 10:16 am

        Mil gracias Francesc.

  • Marta

    16 julio, 2021 - 2:13 am

    Me quedo sin palabras Francesc ..eres sorprendente …me INSPIRAS….maravilloso relato ..aventura de Amor ..si las hay….cuando hay coraje, voluntad, amor y deseos de ir por más ..la Vida se convierte en algo extraordinario …Congrats Querido…ya te he DICHO que le das fuerza a mi vuelo…Gracias …estoy en buenas manos …

    • Francesc Miralles

      22 julio, 2021 - 4:46 am

      ¡Muy feliz de dar fuerza a tu vuelo! Muchas gracias a ti :))

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