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El enfado creativo

Buenas noches,

Mostrar tu enfado tiene mala prensa, especialmente en Oriente. Las veces que he estado en China siempre me han comentado que, para la gente de allí, que alguien pierda los papeles de forma pública es digno de desprecio.

Tampoco en Japón verás a nadie al borde de un ataque de nervios. Los sufren, sin duda, pero la procesión va por dentro. Asimismo, en ese país es difícil que alguien te diga «No», aunque sea lo que siente y piensa. Más bien tirará pelotas fueras para desviar la cuestión o bien demorará la respuesta, a ver si te cansas.

Esa era una estrategia utilizada por el editor jefe para quien trabajé algunos años, siempre que le pedía algo que no quería dar. Si le decía: “Me gustaría que me asignaras la edición del libro X”, porque quizás el jefe lo había mencionado en una anterior reunión, si no quería hacerlo, evitaba darte una negativa. Como en su despacho se amontonaban cientos de libros, papeles y folletos, hacía ver que buscaba aquello que le habías pedido. Cuando llevabas un cuarto de hora ahí plantado, al final dabas un paso atrás y volvías a tu trabajo. El asunto quedaba zanjado.

Eso es un «no» a la japonesa, aunque quizás todos somos más nipones de lo que estamos dispuestos a reconocer. Muchas veces sentimos agobio ante las peticiones que nos llegan de todas partes, algunas abusivas, pero nos cuesta reaccionar.

Como dice Xavier Guix en su excelente ensayo El problema de ser demasiado bueno, que ocupa ya los primeros puestos de las listas, el drama que vive gran parte de la gente es «la confusión entre ser criaturas bondadosas y ser neuróticamente obedientes».

Nos cuesta decir «No», en especial, a las personas que apreciamos, pero si vas actuando en contra de lo que sientes, al final te cargarás de ira contra ti mismo. Resulta mucho más saludable enfadarse de vez en cuando, siempre que se haga «en el grado exacto, en el momento oportuno y con el propósito justo», como decía Aristóteles en Ética a Nicómaco.

Sea por mi forma de ser o por cualquier otra razón, yo soy un blanco constante de peticiones de todo pelaje. Cada día me llegan docenas de mensajes de personas a las que no conozco: me piden que lea su libro o que les busque editor; algunas incluso me piden mi número de teléfono para poderme llamar cuando les convenga.

Eso en el ámbito de las redes sociales. En el círculo personal están, por otra parte, aquellos que piden dinero. Es habitual que alguien te solicite una pequeña cantidad, que te devuelve en un plazo breve, para días después pedirte el triple. Algo parecido sucede en los casinos, donde te dejan ganar al principio para luego desvalijarte.

Me encontraba yo en estas lides, cuando a los préstamos de un compañero de escuela se sumaron las pequeñas cantidades que me pedía un amigo viajero que se iba quedando sin fondos para los autocares, en sus propias palabras. Aquí fue cuando estallé.

No lancé un exabrupto a nadie, pero me enfadé conmigo mismo por ser tan estúpido. Comuniqué a los receptores —así llama Adam Grant a los pedigüeños— que el papel que me habían asignado me hacía sentir mal y que se acabó lo que se daba. Dijeron comprenderlo, pero nuestro contacto se desvaneció en este punto.

La alternativa a la furia de Michael Douglas como conductor cabreado, que le lleva a destrozar una tienda con un bate de beisbol, es el enfado creativo, ese momento de lucidez en el que te dices: “Pero, ¿qué estás haciendo, idiota?”, justo antes de empezar a actuar de otro modo. Es un cambio de dentro hacia fuera.

De hecho, es de justicia que el enfado sea con uno mismo, pues, como decía Henry Miller, que vivió muchos años de gorra en París, para que esto pueda producirse hacen falta dos enfermos: el adicto a pedir y el adicto a dar.

Y eso no se circunscribe solo al dinero. También hay adictos a dar tiempo, energía y muchas otras cosas valiosas.

En cuanto se corta el grifo, a menudo la persona se esfuma. Pero ahí está la piedra de toque. Si te sigue llamando para tomar café, sabiendo que no obtendrá nada más de ti, es que verdaderamente te quiere. En el otro caso, con su desaparición habrás hecho un negocio redondo.

Con mucho cariño,

Francesc

Comments

  • beatriz

    27 marzo, 2024 - 12:10 am

    Para mi, un amigo que sabe decir no, es más querible si cabe. Demuestra honestidad, que es lo que promueve conexiones auténticas y significativas. por mi parte, seguiré llamandote para compartir un te😉😘

    • Francesc Miralles

      29 marzo, 2024 - 5:54 pm

      Eres una alma buena y comprensiva, Beatriz! Contigo, me tomo todos los tés del mundo 😘 😘

  • José Jimenez

    28 marzo, 2024 - 5:02 am

    Pues puede que pase algo parecido con los favores que se hacen desinteresadamente y no se valoran lo suficiente o simplemente no se valoran.

    Me explico:

    Hace ya algún tiempo una compañera de trabajo me pidió hacerle reiki.

    La verdad es que soy un aficionado de la medicina alternativa y cuando me cruzo con alguien que tiene algún problema y creo o siento que puede ayudarle me suelo poner a su disposición para concertar una cita, en este caso a distancia (para quien conozca el reiki, ya sabrá que se puede hacer de esa manera), y dedicar unos veinte minutos a esa persona. Lo que les pido siempre es que estén relajados y en una posición cómoda, por ejemplo, tumbados en la cama.

    Es una práctica que me gusta hacer y que normalmente regalo y que me hace sentir bien.

    El caso es que la noche en la que quedamos yo hice como siempre, que es encerrarme en un lugar tranquilo de mi casa y aviso a mi familia para que, durante el tiempo que dura la sesión, nadie me moleste. Pongo una música que me motiva y estoy esos veinte minutos del que hablaba con la persona en cuestión en la mente y con el reiki como conexión con la misma.

    Al día siguiente, de nuevo en la empresa, hago también como siempre, pregunto a “mi paciente” como le ha ido y yo, si tengo algo de decirle, se lo digo.

    – Hola, ¿qué tal te fue la sesión?
    – Ah… pues no estuve pendiente de nada. Vino mi hija y estuvimos hablando.
    – Pues yo estuve por ti el tiempo que te dije.
    – Gracias, pero mi hija quiso hablar conmigo y yo, ¿qué podía hacer?

    Esa fue la experiencia.

    Al cabo de unos días me volvió a pedir lo mismo, y mi respuesta fue diferente.

    – Pues por hacer el reiki se tiene que pagar, así que, si realmente lo quieres, lo hablamos y nos ponemos de acuerdo en el precio.

    El desenlace de la historia no fue otro que, simplemente, no hubo reiki.

    gracias framcesc por este tu presencia

    • Francesc Miralles

      29 marzo, 2024 - 5:57 pm

      Esta situación que tan bien comentas, José, yo la he vivido muchas veces. Cuando ofrecemos algo gratis a menudo nos tratan más mal que bien, por aquello de que “lo que nada cuesta, nada vale”. Por eso hay que ser muy cuidadoso con los regalos que se hacen. Recordemos el refrán: “No se hizo la miel para la boca del asno”. ¡Abrazos y gracias a ti!

    • Sara

      5 abril, 2024 - 11:31 pm

      A mi me paso al revés, llegué tarde a la consulta de mi terapeuta, I me dijo, mañana te hago reiki a las once a distància intenta no estar condiciendo. Yo le pagué i me fui, al dia siguiente yo estava en un mercado i a esa hora sentí, la sanacio. El SIGUIENTe dia de consulta me dijo, queel no havia hecho reiki, però estava tranquilo porque supe utilizarlo de canal. Y asi de feliz me quedé y seguir yendo a sus TERAPIA. No hay nada como creer en la bondad i ser BONDADOSO.

      • Francesc Miralles

        6 abril, 2024 - 1:24 am

        Te curaste a ti misma, entonces :))) Gracias por compartir tu historia!!! Bss!

  • Castaños PATRICIA

    1 abril, 2024 - 9:51 am

    Hola Francesc
    Te he descubierto por casualidad hace una semana .
    me compré uno de tus libros para estos días de vacaciones.
    Sólo quería darte las gracias me estás ayudando mucho.

    • Francesc Miralles

      1 abril, 2024 - 10:47 am

      Bienvenida, Patricia! Muy feliz de saber que mi libro te está ayudando. Un abrazo cariñoso!

  • Mamen

    6 abril, 2024 - 10:52 pm

    Hola Francesc!
    Recuerdo de niña haber oido en casa con cierta frecuencia:
    Contra el vicii de pedir esta la virtud de no dar‼️‼️‼️
    Que gran fuente de sabiduria; no te parece?🤣🌟🤣

    • Francesc Miralles

      9 abril, 2024 - 12:41 am

      Jajaja, un gran refrán, por supuesto!

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