Contar la vida

Buenos días,

Esta semana quiero hablar del arte de narrar a través de un libro que probablemente hayáis visto en todas partes: A propósito de nada, la autobiografía de Woody Allen, traducida al castellano magistralmente por mi amigo Eduardo Hojman.

Debido a mi proyecto personal, los últimos años he estado muy interesado por todo lo que tiene que ver con lo biográfico y la autoficción. Disfruté mucho en su momento leyendo el Steve Jobs de Walter Isaacson, un genio de la biografía que ya conocía por su obra sobre Einstein.

A principios de este verano me puse con un segundo libro de Emmanuel Carrère, de quien había leído El adversario hace años. Me ha gustado mucho más Limónov, un relato literario sobre un ruso que tuvo una vida que nadie creería si se tratara de una novela, pero que lees con asombro sabiendo que sucedió así.

Nacido en 1943 en una ciudad menor de la Unión Soviética, este hijo de oficial que murió el presente año vivió mil vidas en una. Delincuente por elección, logró cumplir su aspiración de pasar una temporada en la cárcel. Luego decidió ser poeta, se juntó en Moscú con la crème de la bohemia literaria de su tiempo, emigró a Nueva York con una modelo rusa, se mezcló con los ambientes frecuentados por Andy Warhol y similares, para luego caer en desgracia y hacer de chapero por las calles. Tras una temporada trabajando como mayordomo, se trasladó a París como escritor famoso, participó en la guerra de los Balcanes en el bando serbio, regresó a Rusia y fundó un partido que desafió a Putin, entre un largo etcétera.

Después de esta lectura que había dejado el listón muy alto, cuando cayó en mis manos A propósito de nada, lo tomé con desconfianza. Por un lado, hace mucho tiempo que no voy a ver películas de Woody Allen; con la excepción de Match Point, las últimas que vi no me gustaron. Por el otro, pensé que a sus 84 años no tendría la energía y las luces para contar una existencia tan compleja como la suya. Error.

De adolescente, recuerdo que me chifló Cómo acabar de una vez con todas con la cultura, un librito que recogía artículos humorísticos publicados por Woody Allen en la prensa durante la década de los 60. En el capítulo Boletín de cursos de verano había momentos parecidos a este:

“Hice un curso de lectura rápida y leí Guerra y Paz en veinte minutos. Creo que decía algo de Rusia.”

La llegada de esta autobiografía venía precedida de mucha polémica, porque en Estados Unidos, cuatro días después de anunciar su publicación, la editorial se echó atrás por la presión de sus propios empleados, que se oponían al lanzamiento al tener Woody Allen acusaciones de abusos por parte de una hija con Mia Farrow, aunque no fueron demostradas en los juzgados.

Personalmente, lo único que me interesa de un creador es cómo da forma a su obra. Muy especialmente los inicios del artista, algo que me ha apasionado siempre y que me ha llevado a hacer de sherpa de nuevos talentos. Y A propósito de nada no decepciona en absoluto en ese sentido.

Voy por la página 177 y el biografiado no ha dirigido aún su primera película. Hasta aquí he asistido a sus inicios en el mundo de la comedia, donde relata de forma exhaustiva sus influencias, los aciertos y fracasos, las personas que le ayudaron. Como lector te ves sumergido en un alud de nombres, títulos y referencias que te harían abandonar si no estuviera detrás Woody Allen.

Y no porque sea él, sino por el dominio absoluto que tiene de la narración. Todo el libro es como un relato oral que te arrastra y no lo puedes dejar aunque quieras. Imaginas a su autor subido a un pequeño escenario de stand up comedy, desde donde te dice que tengas paciencia, que ahora quiere contarte algo de sus ancestros, pero que en un par de páginas nacerá.

En medio del relato trepidante sobre su oficio, explica así su primera cena con Louise Lasser, quien sería su segunda esposa cuando Allen era solo un comediante de pequeñas salas:

“De pronto estamos en una mesa con velas y yo estoy pidiendo una botella de Burdeos. Sé tanto de vinos como de caballos o de mujeres bipolares. El truco consiste en poner los ojos como si estuvieras constatando el año en la carta de vinos, cuando en realidad estás mirando los precios. Quédate con el más caro que puedas pagar.”

Gracias a estas lecturas, el verano me está resultando más ligero, a pesar de estar todos en la dimensión desconocida. Mientras existan buenos libros, películas y otros universos en los que refugiarnos, el confinamiento nunca será completo.

¡Feliz semana!

Francesc

Comments

  • Luz divina

    28 julio, 2020 - 5:59 pm

    Qué casualidad, el otro día me llamó la atención justo este libro, y me interesé por él… Woody Allen me resulta DIVERTIDO, pero no estaba segura dE que estuviera escrita realmente por él. Gracias, tomo nota para amenizar este «extraño» verano… Multidimensional.

    • Francesc Miralles

      28 julio, 2020 - 6:04 pm

      No cabe duda de que está escrito por Woody. Da miles de datos sobre cada parte de su vida en un estilo muy reconocible ya desde sus primeros escritos. Abrazos!!

  • MONTSE

    29 julio, 2020 - 8:21 am

    Ostres, durant una etapa de la meva vida em flipaven les biografies recordo amb estima la de «la encarnacion de un genio» sobre Leonardo da vinci …de les que he llegit sempre he trobat que tenen un punt en comú que jo anomeno «la travesia del desierto» i no pas per la peli sinó per aquest recorregut farcit de incertesa, revulsió …interior abans de tornar a sentir que camines per terra fertil.
    ANsio llegir la teva , enigme del galan !!!

    Petonsss de dimecres !

    Mts

    • Francesc Miralles

      29 julio, 2020 - 10:27 am

      Tens molta raó en això que sempre hi ha una travessa del desert. Engma del galan? :O Més petons, Montse!!

  • Lérida

    4 agosto, 2020 - 1:44 am

    Muy interesante el Post, Francesc. Me alegra que el verano, gracias a todo eso te resulte más ligero. No se si será que acá es invierno, a veces lluvioso, otras gris y muy frío, que resulta difícil ya encontrar el gusto en qué refugiarte. Cuesta concentrarte en una lectura y buscar algo que te motive. A pesar de todo se que tengo que hacerme un firme propósito de encontrar algo que me guste y hacerlo.
    Con el deseo de que pronto podamos volver todos a la «normalidad», va desde acá un abrazo muy fuerte!!!

    • Francesc Miralles

      5 agosto, 2020 - 8:45 am

      Deseo que pases un invierno lleno de inspiraciones, querida Lérida! La melancolía es buena para fertilizar el alma. ¡Otro abrazo bien fuerte!

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