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Una de estas vidas (21/01/2019)

Đorđe Balašević

Buenos días,

La semana pasada expliqué aquí el cúmulo de casualidades que me conectaron con el cantautor Đorđe Balašević y su hija (para quien se perdió este capítulo previo, se puede leer aquí: http://www.francescmiralles.com/article/373). Prometí contar lo que sucedería y voy con ello. Pido de entrada disculpas porque va a ser extenso.

Entre muchas otras virtudes, los serbios son famosos por su hospitalidad, así que al aterrizar en el aeropuerto Nikola Tesla ya nos esperaba un chófer para llevarnos a la capital de Voivodina, a algo más de una hora de camino.

Tras dejarnos en nuestro hotel, al conectar el whatsapp recibí un mensaje de la hija de Balašević. Me decía que nos aguardaba para cenar en un restaurante con nuestro editor, y que a las siete vendría otro chófer a recogernos al hotel.

Mientras descansábamos un poco del largo viaje —en mi caso había supuesto volar de Lisboa a Varsovia para bajar luego a Belgrado—, me pregunté a qué se había referido con lo de nuestro editor. ¿Se refería ha quien había publicado Ikigai en Serbia? Como no soy yo quién vende mis libros, lo cierto es que no sé cuántos títulos tengo en serbio a día de hoy. ¿Y por qué había utilizado el plural?

No tardaríamos en saberlo, porque el chófer era esta vez el propio editor de una nueva editorial dirigida por Beba Balašević —ya es hora de que diga su nombre— que, tras dedicarse unos años al mundo del cine, ha decidido recuperar los libros de su padre y editarlos con el cariño que merecen. También ha escrito dos novelas juveniles ella misma que ha publicado en su sello.

En mi ignorancia, yo ni siquiera sabía que el más famoso cantautor de los Balcanes había escrito novelas, pero me las pusieron las cinco sobre la mesa del restaurante para que viera las bellas ediciones en tapa dura. Tienen títulos tan sugestivos como Calendario de mi infancia o Una de estas vidas.

Al hojearlas, me dio pena haber dejado de estudiar la lengua en su momento, ya que me encantaría leerlas. Su autor no había venido, porque estaba preparando el concierto que tendría lugar al día siguiente ante 12.000 personas. Lo hace cada año en su ciudad natal y las entradas se agotan en un par de horas.

En el elegante restaurante italiano estaba todo el personal de Balbelo, este es el nombre de la editorial. La hija del genio y directora de la compañía me dijo que querían ser los editores de mi próxima novela. Si el destino quiere que así sea, seré el primer autor del sello que no se llama Balašević.

Terminada la cena, Strahinja —así se llama el joven editor— nos hizo con su coche un tour nocturno por Novi Sad para que viéramos el centro iluminado, de estilo austrohúngaro, los puentes sobre el Danubio y la fortaleza.

Durante el par de horas que estuvimos dando vueltas bajo un frío de bigotes, nos contó muchas cosas sobre lo sucedido durante los bombardeos de la OTAN en 1999, en medio de la guerra de Kosovo, cuando él era solo un niño.

Las televisiones mostraron principalmente los ataques sobre Belgrado, pero las bombas cayeron diariamente sobre todas las ciudades del país a lo largo de tres meses y medio. Cualquier puente, factoría o edificio considerado estratégico acabó hecho cenizas, lo cual sumió el país en el caos y el colapso.

Sin ir más lejos, los tres puentes de Novi Sad fueron destruidos, con lo que para cruzar el Danubio que corta la ciudad en dos había que ir en barcaza.

Strahinja nos contó que, al principio, los niños como él recibieron los bombardeos como una fiesta, ya que significaría tres meses y medio en casa sin poder ir a la escuela. Sin embargo, estando en el pueblo de sus padres, cayó muy cerca de su casa una bomba que con su honda expansiva hizo estallar todos los cristales. Nos confesó que jamás olvidará el terrible estruendo y el fragor posterior de las ventanas hechas añicos.

En el país no había combustible y las tiendas estaban vacías. La inflación alcanzó el récord en la historia de Europa, hasta el punto que con un billete de billones de dínares apenas podías comprar una caja de cerillas. La moneda se devaluaba por minutos.

Nos contaba el editor que, si preguntabas por el precio de un paquete de tabaco y antes te tomabas un café, a la hora de pagarlo ya no llevabas suficiente dinero encima. Debido a esto, se decía que en los bares la gente pagaba de golpe todas las consumiciones de la velada, antes de que el dinero que llevaban el bolsillo se convirtiera en nada.

Pese a esta precariedad extrema, Strahinja recuerda con nostalgia aquellos tiempos porque, en sus propias palabras, los serbios siempre se unen cuando las cosas se ponen difíciles. Nadie tenía nada, pero todo el mundo te ofrecía un café o compartían un plato de sopa, aunque no te conocieran de nada. «Cuando esa época tan dura pasó», nos contaba, «las cosas volvieron a ser normales y a nadie le importaba nadie.»

Pero vayamos ya al día siguiente, cuando tuvo lugar el tan largamente esperado concierto de Balašević. Tras pasar el día paseando por el gélido Novi Sad, a las 19h nos vino a recoger un taxista mayor amigo de la familia, un tipo muy delgado de casi dos metros. Parecía sacado de una peli del oeste.

Tras aparcar en medio de la calle, mientras nos llevaba a pie hasta el pabellón deportivo donde tendría lugar el concierto, nos dijo muy orgulloso: «Nadie en el mundo ha escrito más canciones de amor que Đorđe».

Nos metió por una puerta trasera dentro del recinto, donde un guardia de seguridad nos condujo directamente hasta los camerinos. Allí estaban ya los mejores músicos de Serbia, dieciséis en total, para acompañar al artista en su gran cita anual. Largas melenas, coletas, trenzas, botas de cowboy… algunos eran de origen húngaro, otros mezcla de muchos orígenes.

Finalmente llegó Đorđe con una gorra de béisbol y calzado deportivo. Beba nos dijo: «Ahora estará con vosotros, tiene que hablar primero a sus chicos». Este es el momento que recoge la imagen. Al fondo, el artista rodeado de los hombres de negro que harán prodigios en el escenario junto a él.

Terminada la charla, Đorđe vino hacia nosotros y yo le di la mano para saludarle. El rio y me dijo: «Dame un abrazo, hombre, ¡que estamos en los Balcanes!»

Tras abrazarnos, estuvimos charlando un rato sobre las novelas mías que él había leído. Al parecer, de joven vivió una situación muy parecida a la historia del cerdo en el balcón que se cuenta en amor en minúscula. También nos habló de la relación con sus músicos. Lleva 40 años en los escenarios, 30 de ellos con el mismo pianista, que considera ya pariente suyo. Me comentó también que su nuevo violinista, que dirige una galería de arte en Subotica, toca un registro raro entre la música clásica y la improvisación gipsy.

En medio de esto, vinieron a buscarnos para que la banda saliera ya al escenario. Caminando detrás de aquella tropa de artistas, yo me preguntaba cómo, a sus 66 años, Balašević podría aguantar un concierto que prometía ser muy largo. El repertorio constaba de 35 temas, pero él es famoso por explicar muchas cosas al público entre canción y canción.

Nos situamos en un lateral del escenario para ver el inicio del concierto. Con el rugido constante de los espectadores, Đorđe Balašević empezó desgranando baladas melancólicas y hablando largamente con el público. Por lo poco que pude entender, trataba sobre cuestiones sociales y políticas sin pelos en la lengua. En plena guerra de Yugoslavia, este hombre ya había sido capaz de dar un concierto en el Sava Centar de Belgrado en contra de Milošević, que estaba en el poder.

Después de dos horas de concierto, un técnico me dijo que aún faltaban dos horas más. El nutrido grupo de músicos tocaban y se sentaban alrededor de una mesa alternativamente, según la instrumentación de cada tema, pero Đorđe estaba de pie todo el rato, yendo de un lado al otro del escenario sin parar.

Transcurrida la tercera hora, el fuego parecía haber poseído a Balašević y a su banda, que tocaron los temas más fuertes y sincopados, mientras el público enloquecía cantando y bailando.

Cuatro horas de concierto en total, sin ninguna pausa. Y 12.000 personas que fueron inmensamente felices —yo y mi compañera entre ellos— durante todo ese tiempo. ¿Puede haber algo más bello que tener un don así?

Gracias por leer este relato de extensión balcánica.

¡Feliz semana!

Francesc

>> Comments (7)


Comments and Questions

Marisa Tonezzer (22/01/2019 15:03:59) Me encanta leer sobre tus aventuras balcánicas. Mi madre nació en Belgrado y vivió allí con su hermana y mis abuelos hasta los 18 ó 19 años. Me gustaría ir algún día. Un abrazo fuerte!
Algún día tal vez vayamos juntos hasta allí, querida amiga. ¡Otro gran abrazo!

Maria Teresa (22/01/2019 11:02:35) Descubriendo las canciones de Dorde Balasevic gracias a tus textos ; )
:))) ¡Me parece genial!

Marcelo (22/01/2019 09:34:04) Me encantan tus relatos, mi amigo. Que vida tan llena de sentido y humanidad llevas. Me inspiras mucho. Um abraço !
Un abrazo fuerte, querido amigo!!

Isabel (22/01/2019 08:07:46) Hola. A tu pregunta, no se si puede ser es más bello o no, pero el don de escribir y contarnos este magnífico momento es genial. Gracias a tu aventura, he descubierto un músico al que nunca había escuchado, y que aunque no se serbio, soy capaz de entender que son canciones que te hacen vivir, llorar, reír y disfrutar. Y todo se cierran con descubrir personas comprometidas que enriquecen nuestro camino. Gracias
Lo has definido muy bien, Isabel. A veces no es necesario conocer un idioma para captar los sentimientos con gran claridad. ¡Gracias a ti por estar!

Isabel (21/01/2019 23:34:32) Maravilloso relato, me ha gustado mucho. Gracias por tu generosidad al compartirlo.
¡Muchísimas gracias a ti por acompañarnos, Isabel!

Magda Bonet (21/01/2019 18:11:42) A mi se me ha hecho cortísimo Francesc... me he quedado con ganas de más! Me encanta leerte y la historia de tu encuentro con este artista me parece preciosa, de esas cosas por las que piensas que la vida merece la pena... Gràcies sempre Francesc.
Moltes gràcies a tu per llegir-me, Magda!! Molt content de saber que se t'ha fet curt :**

Lérida (21/01/2019 17:57:39) ¡Me alegra mucho, Francesc, que hayáis tenido tan linda experiencia!!! Debe haber sido muy enriquecedor vivir todo eso!! Y gracias por tu relato, que es como si hubiéramos estado un poquito por allí, sintiendo esas emociones. Contigo es posible viajar por el mundo, estando en casa, y emocionarse e ilusionarse con tus vivencias. ¡Gracias!!! Feliz semana!! Un abrazo muy fuerte
Muchas gracias a ti por acompañarnos desde tu bello país, querida Lérida! Abrazos fuertes!!


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