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¿Cuál es tu cuello de botella? (04/06/2018)

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Buenas noches, 

Hace casi 35 años se publicó una fábula empresarial titulada La meta, donde Eliyahu M. Goldratt reflexionaba sobre el principio del «cuello de botella». Para ello nos lleva a una fábrica en crisis, siempre en medio de retrasos y urgencias, que amenaza el cierre a no ser que el directivo protagonista logre darle la vuelta en tres meses.

Esta situación tan prosaica y común se combina en el relato con la historia de una excursión infantil, que se ve retrasada constantemente porque un niño gordito, Herbie, no logra avanzar al paso de sus compañeros, que siempre tienen que esperarle.

Da igual donde lo coloquen, dado que el niño lento frena el avance de todo el grupo. Es el cuello de botella que entorpece una y otra vez la marcha de la expedición.

De nada sirve que cada excursionista trate de mejorar su paso. Mientras no se encuentre una solución para el cuello de botella, el conjunto seguirá sin funcionar. En el caso de la fábrica, tampoco sirve de nada optimizar los distintos departamentos hasta que no se encuentre y solucione el «cuello de botella» que impide que la producción fluya.

En la excursión infantil, los niños acaban descubriendo cómo desatascar el cuello de botella. Dado que Herbie es el más lento, deciden quitarle la mochila y repartirse el peso entre todos. Hecho esto, lo ponen delante de la fila, sin equipaje alguno, con lo que anda más ligero y además el grupo no debe pararse constantemente para saber dónde anda el rezagado. Siguen el ritmo del más lento —que ahora lo es menos— y avanzan todos mucho mejor.

Recordar esta sencilla pero iluminadora fábula me ha hecho pensar que cada persona tiene un «cuello de botella» en su vida, y que de poco sirve querer mejorar en otras cosas hasta que no nos deshagamos del agujero negro que se traga todos nuestros esfuerzos.

Veamos un par de cuellos de botella psicológicos comunes que obstaculizan todo el sistema en la empresa de la felicidad:

  • El hábito de decir sí cuando se quiere decir que no, asociado a la adicción a gustar a todo el mundo para al final acabar odiándose a uno mismo.
  • Ser incapaz de priorizar el tiempo, con lo que jamás llega el momento de hacer lo que verdaderamente se tiene ganas de hacer.

 

Hay muchos más y cada cual es capaz de detectar su cuello de botella —siempre hay uno principal— con un poco de autoreflexión. Y una vez encontrado, tenemos suficientes recursos para quitarle la mochila al gordito y ponerlo delante para que marque el paso con más alegría, volviendo a la fábula.

Toda persona capaz de reconocer el agujero negro que se traga lo mejor de su vida, si tiene el coraje de liberarse de él experimentará el cambio más espectacular de su historia.

¿Cuál es el tuyo?

¡Feliz semana!

Francesc

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