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El regreso del padre (14/05/2018)

Guillermo Pont

Buenas noches,

Hoy he hecho una de mis últimas maratones de escuelas de este curso. Por la mañana he visitado dos, y a primera hora de la tarde otra en un barrio conflictivo de la periferia de Barcelona.

Los profesores me han avisado de que no esperara mucha atención por parte de los preadolescentes que, al menos sobre el papel, habían leído mi libro. Las procedencias diversas de los alumnos, la marginación y los problemas de idioma aventuraban una hora tortuosa.

Nada más lejos de la realidad. En el aula me esperaban 25 chicos y chicas que, más allá de los problemas en el barrio o en casa, estaban ávidos de hacer preguntas al primer escritor que conocían en su vida. Y las formulaban con mucha más cortesía que muchos alumnos de «barrios bien» de Barcelona. Un ejemplo literal:

—Disculpe, puede no contestar esta pregunta si no quiere, pero ¿cuánto dinero gana con sus libros?

También les interesaba saber qué se siente «al ser famoso», y yo les he contestado que los escritores no son famosos en el sentido que ellos piensan. Nadie les reconoce por la calle, porque no suelen salir por televisión.

Acabadas las preguntas, que han sido medio centenar, les he propuesto un par de ejercicios muy sencillos para extraer ideas. Uno de ellos requería contestar a la pregunta: «¿En qué momento y situación de tu vida has pasado más miedo?»

En la mayoría de escuelas, cuando planteo esta pregunta se produce un silencio ominoso. Nadie quiere exponerse mostrando su temor a los demás. En este grupo ha sido muy distinto: en seguida se han levantado una decena de manos que querían dar su testimonio.

He elegido un chico de piel mestiza, que ha empezado su relato así:

—Cuando mis padres aún no se habían separado... —Por algún motivo, este arranque me ha golpeado en lo más hondo— una vez tuve un sueño que me hizo gritar de miedo. Era de noche y la puerta de casa se abría de golpe. Entonces entraban dos extraterrestres muy altos y fuertes y se llevaban a mi padre. Yo lloraba y lo llamaba porque sabía que no iba a volver a casa.

En este punto la clase ha estallado en risas, y yo le he interrumpido para explicar:

—El sueño que ha contado vuestro compañero es altamente significativo, chicos. No es ninguna tontería. Seguramente él notaba en casa que las cosas entre sus padres no iban bien, y el sueño le avisaba de manera simbólica, con la fantasía propia de un niño, que pronto su padre no estaría allí. Sería abducido hacia otro mundo.

La sesión ha seguido con mucha atención y cordialidad. Las profesoras estaban asombradas de que aquella clase incontrolable hubiera aguantado una hora entera charlando conmigo. Mi impresión es que lo único que estos chicos necesitaban era cariño y ser tratados como iguales, sin condescendencia.

De camino a casa, no podía olvidar la pesadilla del niño que había empezado diciendo: «Cuando mis padres aún no se habían separado…» Había una mezcla de tristeza y resignación en esta frase, y eso me ha hecho pensar hasta qué punto nuestra realidad esta entretejida con el drama.

Incluso los que nos acercamos a los cincuenta, en una parte secreta de nuestra alma, seguimos siendo niños que temen que sus padres no regresen.

Los míos murieron hace muchos años, y cada día en algún momento me viene el recuerdo de uno o la otra, y hay una parte de mí que, mucho tiempo después, se resiste a aceptar que no volverán.

Consciente de este vínculo que se mantiene más allá de la muerte, en mi viaje anual a Mallorca, donde visito media docena de escuelas, tuve la suerte de hacer un regalo especial a uno de los comerciales que nos lleva de un lado a otro.

Se llama Adrià y es un hombre de gran delicadeza y amabilidad. La primera vez que me llevó por los diferentes centros de la isla, me dijo que era del Real Madrid porque su padre había sido jugador del primer equipo en la década de los cuarenta. Aunque yo soy del Barça, le pregunté cómo se llamaba su padre y me quedé con el nombre.

Una vez en Barcelona, investigando por Internet descubrí un coleccionista que poseía un cromo original de 1949 del padre de Adrià (en la cabecera de esta noticia). Se lo compré y al recibirlo comprobé que estaba totalmente nuevo porque nunca había sido pegado. En el reverso había el siguiente texto con letras de imprenta:

GUILLERMO PONT SERRA (Medio y defensa central) Ha jugado de medio centro y ala. Nació en Palma de Mallorca el día 11 de diciembre de 1921. Edad, veintisiete años. Del 39 al 45 destaca en el Club Atlético de Baleares, pasando en 1945 al Madrid. Se ha afirmado como un buen medio ala, duro y resistente; Mr. Kemping le ha empleado con éxito como defensa central. Fue campeón de España con el Madrid en la final de 1947, en Riazor, siendo uno de los jugadores de mayor porvenir.

Un año más tarde, el pasado abril volví a Mallorca con este pequeño tesoro en una funda protectora. No hice la ruta escolar con Adrià, porque se hallaba en Ibiza, pero entregué el cromo a un compañero suyo para que se lo diera nada más regresar.

Días después recibía un correo emocionado de este comercial y amigo, que se había sentido muy feliz de reencontrarse con su padre de una manera tan bonita. 

Aunque sea a través de un cromo de 1949, nunca fue tan sencillo devolver un padre a su hijo.

¡Feliz semana!

Francesc

>> Comments (7)


Comments and Questions

Nicolet (17/05/2018 04:53:10) Emocionante, como siempre llegas al alma, le regalaste a Adria u nos regalas a nosotros tu arte
Gracias, querida amiga, por estar siempre cerca :**

Lérida (16/05/2018 15:22:37) ¡Qué linda experiencia, Francesc! Y una buena lección para los profesores, si la supieron ver. Qué bonito gesto que tuviste con Adrià. Imagino lo que habrá significado para él. Quizás te repita siempre lo mismo, pero es que lo valoro mucho: ¡Gracias, Francesc por compartir tus vivencias tan enriquecedoras!!! Un abrazo muy fuerte
Gracias a ti por leer y compartir, Lérida! Abrazos fuertes!!

Marta Guasch (15/05/2018 20:29:03) ¡Qué gesto más bonito! Yo perdí a mi padre el mes pasado, el otro día soñé que le abrazaba, ojalá lo hubiese hecho cuando todavía estaba con vida. Para mi era el mejor padre del mundo
Es muy bonito que lo sientas así. Dentro de ti él sigue viviendo :*

Techy-Amal (15/05/2018 17:53:30) Gracias...
:)

katinka (15/05/2018 13:12:36) Quina meravella, Francesc! Ai com t'admira la madre de Niko ;)
I jo a tu! :)))

Dolors Daufi Clavijo (15/05/2018 09:17:37) Francesc, gràcies per regalar-nos aquest article. Tens molta raó amb els alumnes. Després de molts anys a la docència veig que el que més valoren els nois i les noies és que se'ls escolti.
Tu això ho saps fer molt bé, estimada Dolors :)))

Olivia (15/05/2018 08:48:08) Estimat, Francesc, Com m'agrada sempre llegir les teves news! Són una autèntica "bocanada" d'aire fresc, d'inspiració, una invitació a reflexionar... M'encanten, de veritat! I m'alegro moltíssim que tot et vagi bé. És fantàstic que estiguis fent mil coses i gaudint-les al màxim. Et mereixes el millor!!! Per cert, preciós el detall del cromo. Aix, com s'enyoren els pares quan ens deixen físicament... Jo també penso cada dia en el meu. Una abraçada ben forta!!! Olivia
Moltes gràcies per llegir-me i per les teves paraules tan boniques, Olívia!! Abraçades!!!


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