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¿QUÉ QUIERES HACER CON TU VIDA? (30/10/2017)

Krishnamurti

Querid@s amig@s,

Antes de entrar en el tema de hoy, os informo que los próximos 17 y 18 de noviembre estaré en Frankfurt dando una charla y un taller de Ikigai por primera vez en este país, con la amable colaboración del Instituto Cervantes. Para los alumnos del centro que queráis participar, tenéis la información aquí: https://www.frankfurter-ring.de/index.php?id=6&kid=11168

Estas sesiones, al igual que las individuales (para más información: ver el PD al final de este post), tienen dos objetivos:

  1. descubrir cuál es el propósito vital de la persona, para qué ha venido a este mundo.
  2. buscar maneras de hacer de esa pasión el motor de su vida.

 

Cuando hablo de esto con los periodistas, siempre me preguntan ¿y cuál es tu ikigai? Yo siempre respondo: mi pasión es descubrir el talento de los demás, acompañarles —aunque solo sea un trecho— en el camino que se han trazado.

Esto último también lo hago a través de mis novelas, cuando tengo ocasión de escribirlas. Al seguir el hilo de una historia, tengo siempre presente la profunda soledad que sentí en mi adolescencia y en otros momentos de mi vida.

Como todas las personas sensibles, he pasado por travesías del desierto, sin amor y con pocos amigos, en las que el único consuelo era el libro que me llevaba a la cama y que me servía de refugio hasta el día siguiente.

Aunque últimamente estoy más ocupado con la no ficción, cuando escribo una novela me pongo como objetivo acompañar, tal vez inspirar y hacer sonreír a almas solitarias como la mía en tiempos neblinosos. Nunca sé quién se encontrará con mi historia al otro lado pero, sea quien sea, espero que le haga bien y que deje de sentirse solo en su camino.

Hay un libro de Krishnamurti (tenéis su foto en la cabecera) dirigido a los jóvenes que se llama ¿Qué quieres hacer con tu vida? y ciertamente, cualquiera que sea el tiempo que nos quede, esa es la gran pregunta.

Al cumplir 19 años, yo estuve inscrito en la carrera de Psicología, pero empecé la de Periodismo, que abandoné al cabo de un semestre para cambiar a Filología Inglesa. Tras un primer ciclo de esta carrera, cambié a Filología Alemana en otra universidad.

Tanto ajetreo demuestra qué durante todos esos años era incapaz de responder a la pregunta a de Krishnamurti. Simplemente, iba probando cosas con la esperanza de dar con la tecla correcta. Mientras estudiaba, trabajaba en cualquier cosa para luego viajar a cualquier sitio. Me movía sin parar.

Cuando me preguntaban por qué no me quedaba quieto, siempre respondía que dentro de un tren me sentía en paz, porque al menos sabía que iba a algún sitio.

La vida me había enviado algunas señales sobre cuál era mi Ikigai —una palabra que entonces nadie conocía—, pero no había sabido escucharlas.

Había sido muy feliz como camarero. Aún hoy digo que es el mejor trabajo que he tenido jamás, porque te permite confortar a muchas personas en un mismo día. Como canta Mister Rodríguez, un buen camarero es «un terapeuta con consumición».

También me había gustado enseñar alemán en distintas escuelas, pero sobre todo disfrutaba al trabajar con una sola persona que tuviera ansias de aprender. Muchas veces lo hacía gratuitamente, al salir de la facultad o de la Escuela Oficial de Idiomas, por el placer de ver cómo aquel alumno que cree que jamás hablará alemán avanzaba contra todo pronóstico.

Este mismo placer me ha llevado a desarrollar el piano satori, un método simplificado e intuitivo de piano que parte del que me enseñó mi maestro. Cuando alguien que se creía negado para el piano empieza a tocar a dos manos, queda poseído por la magia. Roto el prejuicio, otros retos dejan de ser vistos como imposibles.

Volviendo a mi pasado laboral, no disfruté nada trabajando como editor en una oficina. Ese es el peor trabajo y el más inhumano que he tenido en mi vida. Aprendí muchas cosas del mundo del libro, pero muy poca humanidad de aquellos que se dedicaban a amargar la vida —hoy le llaman mobbing— a los recién llegados por miedo a que les quitaran el puesto.

Todo este rollo me sirve para ilustrar el proceso para encontrar tu propósito vital. Si identificas aquellas actividades en las que te sentiste útil y feliz y descartas aquellos ámbitos en los que te sentiste miserable, verás que se abre un claro en el bosque de tu existencia.

En mi caso, llegué a la conclusión de que mi lugar no estaba «aguantando» los días en una oficina llena de infelices, por muy bueno que fuera el sueldo y el prestigio que diera el cargo. Donde me sentía vivo era charlando con un cliente solitario detrás de una barra, contagiando a otro mi pasión por el alemán, derribando con buen humor su prejuicio de que jamás podría aprender.   

En esencia, no es distinto de lo que hago ahora: acompañar a solitarios y desenterrar talentos.

Y tú, ¿qué quieres hacer con tu vida?

¡Abrazos y feliz semana!

Francesc

PD. Si vivís cerca de Barcelona y queréis acudir a mis sesiones en noviembre o diciembre, os podéis informar aquí: www.casaikigai.com

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