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El secreto de Franklin (25/09/2017)

Ikigai

Buenos días,

En tiempos de desánimo y crispación, cuando los medios de información nos bombardean con noticias deprimentes, hay un territorio que sigue siendo nuestro y de nadie más: los horizontes que ponemos a nuestra propia vida.

Independientemente de lo que suceda a nuestro alrededor, si es cierto lo que decía Schiller de que «la libertad solo existe en el mundo de los sueños», nuestra responsabilidad personal será trasladar esos sueños a la realidad.

Y a diferencia de otros animales, que solo sueñan, el ser humano es soñador, lo cual significa que nunca se conforma con los límites de lo conseguido. Siempre quiere ir más allá. Sin embargo, la mayoría de personas se quedan atascadas en el paso de la teoría a la práctica. Tienen muchas ideas, pero no saben cómo ejecutarlas; o, si lo hacen, el proyecto se deshincha al cabo de poco tiempo.

Este es un hecho que hemos discutido a menudo con mi compi Héctor García tras la publicación de Ikigai, traducido ya a 35 idiomas. Además de descubrir la propia misión, aquello que da sentido a nuestra vida, es fundamental que cada persona pueda llevarlo a la práctica, desarrollando esa pasión hasta las últimas consecuencias.

Para ello escribimos El Método Ikigai, después de un año y medio probando y contrastando las mejores técnicas para canalizar el propio talento y ofrecerlo al mundo. En este libro práctico que acaba de llegar a las librerías exponemos a lo largo de 300 páginas 35 caminos para hacer realidad lo que vive en nuestra imaginación.

Muchas de estas propuestas proceden del entorno japonés, algunas son muy recientes y otras tienen una fuente tan inesperada como Benjamin Franklin, quien sin saberlo quizás fue el primer personaje en crear un método de crecimiento personal. De hecho, él mismo atribuía sus éxitos —el más insólito, la invención del pararrayos— a su personal sistema de automejora que explicamos a fondo en el capítulo 9 de nuestro libro y que resumiré a continuación.

En sus propias palabras, «Hay tres cosas extremadamente duras: el acero, el diamante y conocerse a uno mismo». Franklin dedicó mucho esfuerzo a preguntarse quién era él y también quién no era, un ejercicio que pocos se atreven a hacer. En esa pesquisa descubrió fortalezas y carencias, pero encontró una forma de compensar estas últimas.

Gran lector de biografías, desde los veinte años empezó a fijarse en las virtudes que le faltaban de los personajes históricos que él admiraba. En total, detectó 13 talentos que quería incorporar a su vida y decidió practicar uno de ellos —solo uno— cada semana.

Para ello tomaba una cartulina el domingo por la mañana y la dividía en siete secciones verticales, uno para cada día de la semana. Al terminar cada jornada, se examinaba y marcaba con una «x» si había hecho cosas para afianzar esa virtud. Si no lo había logrado, la casilla quedaba en blanco.

Al finalizar la semana —en su caso, el sábado por la noche—, contaba las crucecitas y evaluaba el éxito que había tenido en su propósito. Si la cartilla estaba llena de crucecitas, se daba un premio. Hecho esto, abordaba la práctica de una nueva virtud la semana siguiente.

Este proceso se extendía a lo largo de trece semanas y luego, si consideraba que aún tenía margen de mejora, volvía a empezar.

Sin duda, este propósito solitario dio sus frutos, ya que aquel chico humilde que solo pudo ir a la escuela hasta los diez años se acabaría siendo embajador en Francia y uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, entre muchos otros logros. Pero, a nivel personal, el mayor éxito de Benjamin Franklin fue haberse sentido muy dichoso con sus progresos cotidianos, tal como declaró él mismo:

«La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.»


Y esas pequeñas cosas solo ocurrirán todos los días si lo queremos nosotros. Por lo tanto,  vamos a dejar de quejarnos, de esperar, de desesperarnos… y pongámonos ya manos a la obra. Lo que está en juego no puede ser más importante: el valor de nuestra vida.

Siempre vuestro,

Francesc

PD. Si quieres nuestro libro y no tienes una librería cerca, lo puedes pedir aquí: http://ow.ly/I76Z30fozww

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