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BIENVENIDOS A AVALON (27/04/2017)

Glastonbury reader

Buenas noches,

Esta mañana ponía en FB una imagen tomada desde el interior del Tor, la iglesia hundida en la colina de Glastonbury, lo que un día fue la isla de Avalon.

Los rockeros conocen esta localidad de 8.800 habitantes por el Festival de Glastonbury, que en realidad tiene lugar a bastantes kilómetros de la que se considera la capital de la magia.

¿De dónde le viene este honor? De varias partes. La primera, porque los viejos anales aseguran que Arturo y Ginebra están enterrados en la abadía de Glastonbury, hoy en ruinas.

En segundo lugar, porque José de Arimatea, el tío abuelo de Jesús, llegó a estas tierras para iniciar la cristianización. De hecho, se dice que arrancó un bastón de un arbusto que aún crece en su lugar original y que florece misteriosamente cada Navidad.

Y, por último, la leyenda dice que el mismo José de Arimatea escondió el Santo Grial en el pozo hoy llamado The Chalice Well, el Manantial del Cáliz.

Todo esto hace que esta ciudad se haya convertido en el Lourdes de la magia, la brujería, las piedras, los elixires y las terapias alternativas.

Esta ha sido la tercera vez que paso unos días aquí. La primera vez estaba escribiendo El Círculo Ámbar, una serie para adolescentes poco conocida en la que cuatro chicos de Glastonbury se unen para demostrar que los misterios paranormales son un fraude… y se llevan alguna sorpresa.

En mi regreso, me doy cuenta de que el carácter “friki” de la ciudad, lejos de atenuarse, se ha reforzado. Los métodos curativos insólitos y las creencias poco ortodoxas han tomado casi cada rincón de la ciudad.

Cientos de centros y sanadores se anuncian por todas partes, entre ellos un experto en masajes 3D –a saber qué significará-, la Sagrada Iglesia del Cannabis, los Bardos y Druidas, o un templo donde se imparte un curso de tres años para devenir sacerdotisa de Avalon.

Lo místico y lo extravagante es aquí lo normal, también en el bed & breakfast en el que nos alojamos. Está regentado por una pareja joven. Ella trabaja buena parte del día en el Star Child, una de las tiendas esotéricas más célebres de la ciudad. Él se llama Thor, como el dios nórdico, y en su tiempo libre guía a gente hacia lugares sagrados como Stonehenge, a poco más de una hora de aquí.

Mientras desayunamos en compañía de estos dos, que parecen sacados de un libro de Tolkien, un perrito corretea bajo mis piernas. Lo tomo en brazos y me lame amorosamente la nariz. Me doy cuenta de que es muy joven.

-Nadie puede resistirse al cachorro –me dice Thor, satisfecho.

-¿Es adoptado? –pregunto.

Él me mira con ojos de asombro y me dice:

-Qué pregunta más extraña… ¡claro que es adoptado! No lo parimos nosotros.

Mientras tanto, las brumas vuelven a envolver Avalon, como en la novela de Marion Zimmer Bradley. En pleno mes de abril, la temperatura ha bajado a 2 grados e incluso han caído gruesos copos de nieve.

La magia vuelve a Glastonbury. Un cuervo nos mira fijamente desde el alféizar de la ventana para decirnos que, en realidad, nunca se ha ido.

¡Feliz primavera!

Francesc 

PD. Encabezando el artículo, el retrato que he hecho a un lector que pasaba la mañana en uno de los cafés del centro de la ciudad.

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