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Las lecciones del gato Martínez (23/01/2017)

Cat Martínez

Buenas noches,

A lo largo de los últimos años he dedicado algunos posts a maestros que he ido encontrando por el camino, pero esta es la primera vez que el maestro es un gato. Voy a contar de dónde viene esta historia.

Hará un par de semanas que Emma Infante, una activista de los animales, me invitó a conocer un refugio de gatos en una mansión de Nou Barris que amenaza ruina. Su dueña, con la ayuda de decenas de voluntarios, acoge en las diferentes habitaciones de este caserón a felinos enfermos rescatados de la calle.

En una están los que reciben las primeras curas, en la otra los viejos (el geriátrico, como lo llaman los voluntarios); hay habitaciones para residentes y otras para recién llegados que, aún en estado salvaje, necesitan guardar reposo en jaulas.

Mientras esperan a ser adoptados, pasan el invierno en una casa donde hace más frío que en la calle y el techo amenaza con venirse abajo de un momento a otro. La existencia de esta gatera clandestina es un triunfo de la entrega de personas que dedican su tiempo libre a uno de los animales más egoístas de la creación.

Me van presentando a los distintos "internos" por su nombre. Hay uno que se llama Garfield y realmente es como el personaje de los dibujos. Sin embargo, mi curiosidad por lo friki hace que afine los oídos en el momento que oigo hablar de un gato llamado Martínez.

-¿Quién es ese gato? -pregunto- ¿Dónde está?

-No lo verás fácilmente -me explica Emma-, porque entra y sale de la gatera a su voluntad. Se escapó de la casa tras recibir las curas y desde entonces solo aparece a la hora de comer y luego se va. Es libre. Si algún día te cruzas con él, verás que Martínez mira a todo el mundo por encima del hombro. No pertenece a nada ni a nadie. Solo se deja ver de vez en cuando, cuando quiere.

Los días siguientes pedí que me consiguieran alguna foto de esta alma libre, y finalmente obtuve la que he puesto en la cabecera de este artículo y la que ilustra el link de Facebook.

Martínez me recuerda a Oli, un héroe de mi infancia. Era un gato atigrado que merodeaba por la casa de mi abuelo, en el Tibidabo, y que era muy conocido por todos los vecinos. Desayunaba en una casa, jugaba con los niños de otra, comía en una tercera y dormía la siesta en la finca de al lado. El mundo estaba a su disposición. Siempre libre, me parecía envidiable que pudiera elegir, momento a momento, lo que hacía con su vida.

Si miramos las obligaciones que contraemos en la vida adulta, estamos más cerca del gato encerrado en la jaula que del despreocupado y altivo Martínez, que me ha inspirado las siguientes lecciones vitales:

  1. No dejes que te etiqueten o asimilen en ningún grupo. Eres único y no hay nadie como tú.
  2. Evita pasar tiempo con gente con que no te apetezca. Estar para quedar bien no les sirve a ellos ni te sirve a ti.
  3. Busca espacios abiertos. Te darán un horizonte mental más amplio.
  4. Ve contra corriente. No importa nada lo que piensen de ti.
  5. Nunca rechaces un buen desayuno. En esta vida (y seguramente también en las otras) hay que saber recibir.

 

La filosofía existencial de Martínez, al final, está resumida en mi fragmento favorito de Don Quijote, que le dice a su amigo: "La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra se puede y debe aventurar la vida."

¡Feliz semana!

Francesc

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