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Resistencia al cambio (27/12/2016)

Wham!

¡Buenos días, un día más tarde!

Ayer era festivo en Cataluña y estaba viajando hacia Budapest para pasar unos días con la familia de mi pareja. Mientras hacía cola para entrar en el vuelo de Ryanair, me dediqué a leer en el móvil las noticias de El País. Las de política siempre me las salto, así que enseguida llegué a un reportaje que despertó mi curiosidad: Andrew Ridgeley: ¿Y qué fue de la otra mitad de Wham!?

Debo confesar que nunca he sido seguidor de estos chicos, ni tampoco de George Michael. No me gusta el pop comercial. Sin embargo, las personas sí me interesan, así que leí el artículo sobre el compañero del dueto que existió entre 1981 y 1986.

En las antípodas de George, tras la disolución de Wham!, Andrew hizo un disco en solitario del que casi nadie se enteró y luego decidió que la mejor idea era desaparecer de los focos. Tras conocer a su mujer, una integrante de Bananarama, se retiró a una vieja granja de Cornualles, al sur de Inglaterra, para llevar una vida "en zapatillas de estar por casa", según sus propias palabras.

Antes de la muerte de su amigo, lo último que se sabía de Andrew era que hacía una ruta en bicicleta por las Baleares con un grupo de ciclistas. Una manera bien distinta de llevar sus 53 años a la de la estrella que ahora se ha apagado. Sin embargo, no siempre fue así. También Ridgeley de dejó arrastrar por las drogas cuando el huracán de la fama barrió todo lo que había sido su vida hasta entonces.

No debe de ser sencillo vivir acosado por miles de fans y ganar millones de libras de un día para otro. Es fácil sentirse invencible, prácticamente un dios. Y el ego es un martillo demoledor que acaba rápidamente con cualquiera. Sin embargo, en la vida de toda persona (también del 99,999% que no conocerán jamás la fama) hay un momento de lucidez en el que te das cuenta de la necesidad del cambio.

En el caso de Andrew, al conocer a quien hoy es su esposa, se dijo algo así como "Tengo dos opciones: seguir acelerando hasta estrellarme, o parar el carro y compartir una existencia tranquila con esta mujer". Y optó por lo segundo. Fue un cambio radical que salvó su vida.

Aunque muchos libros invitan a la revolución personal, la observación me dice que esta clase de golpe de timón es poco común. A no ser que se sufra un terrible accidente o enfermedad, la mayoría de personas se aferran a la vida conocida, aunque les esté destruyendo -el cuerpo o el alma-, porque les aterra empezar de nuevo. Y es que cualquier salto al vacío presenta de entrada estos inconvenientes:

  • Pierdes a buena parte de tus amigos, que preferían a tu "yo" conocido y no reconocerán tu nueva vida.
  • Pierdes tal vez ingresos y calidad de vida a corto plazo, ya que a menudo un cambio radical conlleva una travesía del desierto.
  • Pierdes seguridad y confort, entrando en un mundo de incertidumbre donde hay que sembrar de nuevo y esperar los frutos.

 

Este es el motivo por el que mucha gente, aunque esté en una profunda crisis, se aferra a "lo que hay" hasta que todo estalla por los aires. De esta manera sobrevive una pareja que se detesta, se acude a un trabajo que te está matando (por fuera, por dentro, o ambos) o se castiga al cuerpo con un estilo de vida que te lleva a la tumba antes de tiempo, como George Michael.

Mi amiga Eva Sandoval dice en su libro que uno de los motivos por los que nos cuesta cambiar es porque existe la creencia de que cambiar es difícil. Sin duda es cierto, pero desde mi racionalidad (a menudo me acusan de ser muy "tierra") quiero añadir que el CAMBIO con mayúsculas tiene un precio muy alto, de ahí viene la resistencia al cambio, aunque casi siempre merezca la pena pagarlo.

El momento crítico es cuando estamos a punto de dar el salto hacia lo que parece la nada, pues cualquier otra cosa que venga está por hacer. Dejaremos atrás todos los esfuerzos acumulados, todo lo logrado, por la promesa de algo que aún no sabemos qué es. Yo me sentí así al presentar mi dimisión como editor, tras años batallando para obtener aquel contrato fijo y bien pagado. 

Lo bueno es que una vez saltas, se acabó. No suele haber vuelta atrás. Quizás te hayas equivocado, pero no queda otra que construir algo nuevo. Eso sí, te encuentras con la energía poderosa de quien, de una vez por todas, puede diseñar su vida tal como quiere que sea. Has dejado de vivir para los demás y lo que queda por delante es un enigma que se va desvelando a cada paso.

Feliz tramo final del año,

Francesc

>> Comments (6)


Comments and Questions

lerida sosa (01/01/2017 17:24:41) ¡Buenísimo el Post, Francesc!!! Y que cierto eso que dices al final: "Cambiar cuando hay que cambiar es un acto de valentía de primer rango"... Gracias por la Reflexión! ¡Felicidades!!! Un fuerte abrazo!!
:))) ¡Otro gran abrazo para ti, Lérida!

ANGELS (29/12/2016 16:09:49) Hola Francesc. Casi se me saltan las lagrimas al leer tu relato! Cuanta razon y cuanto miedo me ha provocado. Estoy totalmente dentro e incapaz de saltar. FelizAño para ti tambien.
Hola Àngels, si no sabes cómo saltar, escríbeme a info@francescmiralles.com y te doy alguna sugerencia. ¡Feliz año!

Joan (28/12/2016 09:56:18) Com cada setmana un post genial per reflexionar. Saltar o no saltar... Penso que cada dia ens permet prendre aquestes decisions que determinaran el nostre futur. Tot i així, no és tan senzill advertir els senyals que se'ns mostren. Bona entrada a l'any nou, estimat amic!! I que sigui ple de bones senyals!!!! ;)
De moment tu ja t'has llançat amb el teu primer llibre :))) Abraçades, estimat!!!

ISI (27/12/2016 15:48:07) Feliz entrada de los nuevos 365 días de oportunidades y alegrías, Francesc!! Un artículo genial! A mí sí que me gustaba George y Wham! Jajajaja XDDD "Wake me up before you go go" Los cambios siempre son duros, incluso aquellos que se "supone" normales en la trayectoria vital. El ir y venir de la gente en nuestra vida es algo natural. Viva el cambio! Y viva quien se queda contigo!! Besazos
"Wake me up before you go go" es una línea de oro en la historia del pop XD Parece ser que Andrew se lo escribió a George mientras sobaba en la época de Wham! Viva tú! Más besazos!!

Noemí (27/12/2016 14:58:09) I les persones que saltem vàries vegades ens hem tornat adictes a aquests canvis i a haver de tornar a construïr-ho tot de nou, no ens conformem encara que el salt impliqui molta precarietat... desgraciadament... De totes maneres defenso fer el salt a quedar-se en una situació coneguda però malaltissa. I si perdem amics, és que no eren tant amics com ens pensàvem. Bona reflexió, aquesta m'ha tocat, com pots veure. Una abraçada!!!
Tu ets una campiona olímpica del salt existencial, Noemí! Ets capaç de recomençar mil vegades :) Una abraçada i xerrem molt aviat!!!

Marisa (27/12/2016 14:05:18) Y a veces pasa como con alcohólicos que saben que se están torturando y que su cuerpo algún día les dirá basta: cuando tienen un susto dicen que van a cambiar, que esto no puede seguir, que hay que hacer las cosas bien. Y cuando más o menos se han recuperado les resulta más fácil volver a las andadas. En este caso tenemos un factor extra que es la adicción a algo. Pero sin ser nosotros borrachos muchas veces hacemos esto una y otra vez. El apego a la zona de confort nos clava fuertemente al no cambio. Hay cambios que hacen falta aunque no tengas control absoluto de ello :) De tu fangirl.
Muy bien explicado, querida Marisa! Cambiar cuando hay que cambiar es un acto de valentía de primer rango. :**


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