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Elogio del silencio (08/08/2016)

Ampelmann

Buenos días,

Estas semanas de agosto, más tranquilas para la mayoría de gente, dan pie a que se produzcan situaciones chocantes como la que relataré en este post.

Hay un aforismo de Napoleón que me encanta y que viene a decir: «Hay ladrones a los que no se castiga pero que nos quitan lo más valioso que tenemos: el tiempo.» Sobre esta cuestión, últimamente he llegado a una ecuación muy simple: las personas más desocupadas siempre eligen como víctimas a las que están más ocupadas.

Y, a veces, en un acto de honestidad y premeditación, ya te avisan de que te van a robar algo que no vas a poder reponer. Mi amiga Care Santos lo explicaba así en clave de novela: «-No quiero hacerte perder el tiempo -dijo X a Z justo antes de hacerle perder el tiempo.»

Hay que notar que la inmensa mayoría de personas son muy respetuosas con el tiempo de los demás y algunas pecan incluso de exceso. Hay amigos de los cuales te tienes que enterar por terceros que necesitan una ayuda que les darías muy gustosamente.

Pero pongamos rumbo ya a la anécdota que ha motivado esta reflexión veraniega. Como sabéis los que estáis acostumbrados a leerme, una de mis misiones es la de sherpa literario. Eso es algo que puedo hacer de forma muy limitada y con pocos autores a la vez, porque exige una atención de mucha calidad.

No puedes tener en la cabeza las novelas de ocho alumnos y acompañarlas e inspirarlas como merecen. Esto hace que no pueda asumir la mayoría de los proyectos que me muestran, por lo que casi siempre los derivo a otra clase de especialistas que trabajarán con ellos el estilo, la trama o lo que necesiten.

Aun así, intento responder a todo el mundo, lo cual empiezo a ver que tiene sus riesgos, en lo que a pérdida de tiempo se refiere.

Hará unas cuantas semanas apareció en mi correo un largo mail de una joven escritora catalana que, por motivos de trabajo, se ha trasladado al sur de España. Tras muchas disculpas por el tiempo que me hará perder -véase cita de Care Santos- me explica que supo de mi faceta de «sherpa» por una conversación que oyó casualmente en el AVE.

Al parecer, una persona sentada cerca de ella explicaba a otra que estaba trabajando conmigo su novela.

Es toda una casualidad, ya que se pueden contar con los dedos de una mano mis alumnos de narrativa. Tras captar esa información al vuelo, había buscado el correo electrónico en mi web y me había escrito. El mensaje terminaba disculpándose de nuevo y expresando la ilusión que le haría recibir alguna respuesta por mi parte.

Cuando contesté a su mensaje, para preguntarle de entrada si iba a regresar a sus tierras o bien permanecería en el sur -no acostumbro a hacer seguimientos a distancia-, me volvió a escribir llena de entusiasmo e incredulidad por el mero hecho de que le hubiera respondido.

Al verla tan ilusionada, no llegué a pedirle una muestra de su trabajo, como hago con todos los autores para decidir si puedo trabajar con ellos. Pensé que sería una decepción para la joven escritora que no le ofreciera al menos un par de sesiones a distancia.

Como su tercer correo me llegó camino de Segovia, donde fui a encontrarme con mi profesor de piano, no pude escribir mi e-mail para concretar las sesiones hasta cuatro o cinco días después.

El cuarto correo de la muchacha fue un nuevo mensaje lleno de energía e ilusión, pero en él me explicaba que en los días que yo había tardado en responder había estado investigando por Google a otros escritores que ofrecen «servicios similares», en sus propias palabras.

Convertido ya en un producto, en mi respuesta le dije dos cosas: la primera, que no sabía que me encontraba en una especie de casting; la segunda, que nadie ofrece servicios similares en este trabajo, ya que cada escritor tiene (espero) su propia visión y su propio método.

El quinto correo de la chica era nuevamente largo y en él se disculpaba por su falta de delicadeza, señalando lo bien que haría en callarse, en lugar de dar siempre rienda suelta a todas sus ideas.

Aquel mismo día me puso un sexto correo en el que me decía que, comparando con lo que ofrecían esos otros autores, era muy posible que me contratara a mí. Añadía, además, que estaba leyendo un libro mío y de momento le estaba gustando.

A punto ya de perder la paciencia, le respondí con un breve: «Cuando te aclares y sepas cómo, cuándo y con quién quieres supervisar tu novela, me informas. Hasta entonces, feliz agosto.»

Un día después me llega un séptimo correo electrónico King size de la misma persona, que me explica lo paradójico que es que, en un día tan feliz de su vida, cuando está a punto de empezar a trabajar en su primera novela, se sienta tan triste. Y la tristeza es por tener que comunicarme que ha elegido a otro supervisor, o como queramos llamarlo, de la novela que aún no ha empezado a escribir.

Tiene el detalle, además, de decirme quién es (le conozco, pues es de mi misma agencia) y de explicarme que lo prefiere a mí porque es autor de un libro que fue muy importante en su juventud. Y yo pensando: «Haber empezado por aquí en vez de hacerme perder el tiempo, coño.»

Estuve tentado de contestarle con un mensaje que sin duda la habría herido, así que opté por el precioso silencio. Y por explicar aquí esta estúpida situacion. El motivo de compartir esta anécdota es puramente didáctico, por si puede hacer recapacitar a otras personas que, sin ser conscientes de ello, se apoderan de lo que es de otros.

Porque la moraleja de esta historia es: antes de hacer perder el tiempo a alguien, sea escritor, modisto o albañil, aclárate primero. Y si decides optar por otra vía, lo más amable que puedes hacer es regalarle al otro tu silencio y dejarle en paz.

Tal como dijo Bernd Schuster en una famosa rueda de prensa: «No hace falta decir más.»

Feliz semana y gracias por invertir vuestro tiempo en esta lectura intrascendente y veraniega,

Francesc

>> Comments (7)


Comments and Questions

Merce A. (15/08/2016 06:06:39) Buena anécdota! Lo tendré en cuenta. Saludos desde Honduras!
Abrazos, Mercè!

MAISONNEUVE Viviana (11/08/2016 21:06:20) Como aconseja el Maestro Shifu Yan Lei: No hables demasiado, la mayoría de las personas o hablan, o actúan. Lo segundo es preferible.... Siempre descubriendo tus obras y aprendiendo muchas cosas. Y mientras espero el encargo que le hice a una amiga de tu libro Ikigai...te digo: feliz agosto y como siempre lleno de inspiracion.
¡Muy feliz agosto, Viviana! Espero que el Ikigai te llegue muy pronto :)))

Isabel Cristina (11/08/2016 13:51:15) Ahora comprendo por qué no te he llamado... para no hacerte perder el tiempo! jejeje.
No nos pasemos ;) ¡Puedes llamar! :*

Iris (10/08/2016 05:55:44) Y no se diga cuando te invitan a un proyecto, te emocionas y entras, pero los organizadores solo le dan vueltas a las ideas, sin actuar... y luego uno tiene que poner orden. Es muy desagradable estar esperando a los demás. Lo grave es no poder/querer zanjar el tema cuando la idea te emociona. Quizás uno debe aprender a ponerles un alto de forma política. Espero que tengas un bonito agosto, Francesc. Te mando un abrazo :)
La buena política se aprende con los años :))) ¡Un abrazo fuerte, Iris!

Ana (09/08/2016 10:13:46) Por desgracia los vampiros del tiempo abundan más de lo que nos gustaría. Es triste ver a personas como esta chica, que piensan tan poquito en los demás. Seguramente ni siquiera llegue a escribir esa novela, si pasa más tiempo hablando de ella y "buscando" ayuda sin hacer su trabajo, que sería escribir... Lo mejor es no pensar demasiado en ello y no hacerse mala sangre. Espero que el resto de tu verano esté libre de incidentes. ¡Un abrazo, amigo! :)
¡Un abrazo, querida Ana! En mi artículo no quería personalizar sobre nadie, sino utilizar esta anécdota como ejemplo de como se hace perder el tiempo a otros, muchas veces sin mala intención.

Sílvia Tarragó (09/08/2016 09:20:18) Esta forma tan interesada de actuar dice muy poco en favor de la chica, lo que me pregunto es si es una cuestión de carácter o es la sociedad actual que fomenta el egoísmo. Yo trabajé muchos años de cara al público y me sorprendía ver la prepotencia de muchas personas (no todas, por suerte), cómo si el simple hecho de comprar les convirtiese en una especie de dioses. La verdad es que me preocupa tanta arrogancia. Afortunadamente, aún quedan personas generosas como tú, Francesc, que compensan!
Gracias, Silvia. Por la juventud de la persona, en este caso quizás es solo una cuestión de no darse cuenta. A todos, en cualquier ámbito, nos gusta que nos traten como si fuéramos únicos y no como parte de un mercadeo. Por eso al seleccionar aquello que queremos, aunque vayamos a comprar fruta, hay que ser discretos. No hay que informar a nadie de nuestras elecciones, y así evitamos ofender. Besos, querida!!

Pablo (09/08/2016 07:47:27) Lo que está claro es que ella tiempo tenía, y ganas de escribir, pero emails ya que a los demás los tuvo que freir también. Si hubiese invertido el tiempo y las palabras en iniciar su novela habría ganado tiempo y no te lo habría hecho perder a tí y a lo más importante si cabe, no lo habría perdido ella y sus personajes... Pero lo que está claro es que si tardó tanto tiempo en decidirse tardará aún más en terminar de escribir y el exceso de tiempo ybdemora agotará el tiempo y la paciencia disponible de aquel que haya decidido ayudarla. Jajajaja y tras este speech de perdida e inversión de tiempo... Me despido hasta el Domingo, maestro de maestros :) un abrazo
Juntando todos los mails que debe de haber escrito a los "candidatos" quizás tendría ya media novela, cierto. Lo mejor sería invertir esa energía en un archivo de Word y dedicarse a su novela, ya que, al final, por mucha ayuda que tengas, es un acto solitario. Solo tú puedes escribirla. Un abrazo y te veo el domingo para cenar, Pablo!!


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