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BREVE DICCIONARIO DE PASAJEROS (29/03/2016)

flight to Tokio

Buenos días,

Haciendo una pausa en mi diario de viaje que podéis seguir en Facebook, ayer empecé a escribir desde Doha una breve reflexión sobre lo que se observa de la condición humana en los aeropuertos y en los aviones.

En lo que llevo vivido, he pasado al menos por cincuenta aeropuertos diferentes y he volado varios cientos de veces, como todo el mundo que debe desplazarse por trabajo. Si no vas corriendo, como me sucede a veces, mientras esperas el embarque observas a la gente, también en pleno vuelo, donde algunos sacan lo peor de sí mismos.

Veamos unos cuantos especímenes dignos de estudio en estos lugares en los que, más que nunca, nos damos cuenta de que somos aves de paso:

  1. EL CONSUMISTA. Compra vinos y licores en el duty free sin darse cuenta de que, en realidad, son más caros que en una tienda de su ciudad, lo que le ahorraría cargar con la bolsa sellada.
  2. EL ANSIOSO. Hace cola de pie ante la puerta de embarque antes de que haya abierto, aunque tiene ya el asiento asignado y, por lo tanto, nada va a cambiar y el avión no saldrá antes por muy impaciente que esté.
  3. EL EGOÍSTA. Ya en el vuelo, no le importa que la distancia entre asientos sea mínima. Incluso en un trayecto corto en pleno día, echa la butaca para atrás impunemente sin siquiera mirar si tenemos una taza de café ardiendo en la mano.
  4. EL GASEOSO. No he vivido personalmente esta experiencia, pero un buen amigo me contaba como, en un vuelo nocturno, su compañero de butaca liberó en silencio hasta cinco ataques biológicos. Finalmente, con un valor encomiable, le dijo: “Disculpe, si se encuentra mal, vaya al lavabo, por favor.”
  5. EL SOCIABLE. Estemos leyendo un libro o viendo una película, el desconocido/a insiste en amenizarnos el viaje con una conversación que no deseamos tener. Podemos fingir que nos hemos dormido, pero eso no nos garantiza que el pesado de turno no siga hablando.

 

Hay otras tipologías comunes a bordo de los aviones, como los fóbicos a volar que se agarran al asiento como a una tabla de salvación pero, dado que no molestan a nadie, forman parte de la inmensa mayoría amable con la que viajamos y que casi nunca llegaremos a saber quiénes son y por qué van adonde van.

Digo casi nunca porque a veces un avión o un aeropuerto es el inicio de una historia que va a cambiar para siempre nuestra vida, como les sucede a los protagonistas de Latidos, la novela juvenil escrita después de Pulsaciones con mi compi Javier Ruescas, que despegará en las librerías este junio.

¡Felices viajes!

Francesc

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