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LA TERAPIA MORITA (29/02/2016)

Shoma Morita

¡Buenas noches!

Los dos años que he dedicado junto a Héctor García Kirai al estudio del IKIGAI nos ha llevado a lugares y personajes inesperados. Por ejemplo, al doctor Morita, que creó su propia terapia basada en el propósito vital, previamente incluso a la logoterapia. 

Shoma Morita era budista zen, además de psiquiatra, y su terapia tuvo gran influencia espiritual en Japón. Muy desconocido en Occidente, le hemos dedicado un capítulo entero en nuestro libro, del que compartimos este fragmento:

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La terapia de Morita no intenta eliminar los síntomas directamente, sino que enseña a aceptar con naturalidad nuestros deseos, ansiedades, miedos y preocupaciones. Este terapeuta revolucionario decía que «en materia de sentimientos, es mejor ser rico y generoso», en el sentido de aceptarlos y dejarlos marchar.

Sobre la cuestión de «dejar ir» los sentimientos negativos, Morita lo explicaba con esta fábula: «Si un burro está atado a una farola y continúa caminando para intentar escapar, comenzará a dar vueltas y al final terminará inmovilizado junto a la farola. Lo mismo nos pasa a las personas cuando tenemos pensamientos recurrentes y obsesivos e intentamos bloquearlos con otros pensamientos».

Principios fundamentales de la terapia de Morita

Acepta tus sentimientos. Si tenemos pensamientos obsesivos, no debemos intentar controlarlos ni tampoco deshacernos de ellos. Al intentarlo, se volverán más intensos. Un maestro zen, hablando de los sentimientos y emociones humanas, decía: «Si intentamos eliminar una ola con otra ola de forma continua, crearemos un mar infinito de olas». Los sentimientos no los hacemos nosotros, sino que simplemente vienen a nosotros y debemos aceptarlos. La clave está en darles la bienvenida. Morita solía decir que las emociones son como el tiempo meteorológico: no las podemos predecir ni controlar, simplemente observar. En este punto, a veces se cita al monje vietnamita Thich Nhat Hanh, que decía: «Hola, soledad, ¿cómo estás hoy? Ven, siéntate conmigo y cuidaré de ti».

2. Haz lo que debas hacer. No hay que centrarse en eliminar síntomas, puesto que la recuperación vendrá de forma espontánea. Se trata de centrarse en el presente y, si estamos sufriendo, aceptar ese sufrimiento. Y, sobre todo, evitar intelectualizar la situación. La misión del terapeuta es desarrollar el carácter en el individuo para que pueda afrontar cualquier situación, y el carácter se forma con lo que uno hace. La terapia de Morita no explica nada a los pacientes, deja que ellos o ellas aprendan a través de sus acciones y actividades. No te dice cómo meditar, ni cómo escribir un diario... como harían otras terapias occidentales. Es el paciente quien lo irá descubriendo por sí mismo a través de sus experiencias.

3. Descubre tu propósito vital. Aunque no podamos controlar las emociones, sí que podemos tomar el mando de las acciones que emprendemos cada día. Por eso debemos tener claro nuestro propósito y tener siempre presente el mantra de Morita: «¿Qué necesitamos hacer ahora?» «¿Qué acción debemos tomar ahora?» Para ello, la clave es haberse atrevido a mirar dentro de uno mismo para descubrir el propio ikigai.

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¡Feliz semana!
 
Francesc

 

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