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MONDAY NEWS

La élite de la memoria

old friends

¡Buenos días en el ecuador de agosto!

La semana pasada me fue imposible publicar porque estaba en China, donde no funcionan las redes sociales (al menos, no las nuestras) ni Google ni muchas direcciones de correo. Ya en Taipei, puedo escribir del tema del que tenía ganas de hablar desde que quedara, antes de salir de viaje, con mi buen amigo Ferran-Ramon Cortés.

Además de ser un gran experto en comunicación, el autor del clásico La isla de los cinco faros últimamente está investigando a fondo las relaciones humanas, con especial atención a los entresijos de la amistad.

Después de meses sin vernos, quedamos en una tetería de Gràcia donde me paso media vida y retomamos viejas conversaciones como si nos hubiéramos visto ayer. 

-He calculado que una persona con una vida normal puede mantener como mucho 30 relaciones a la vez, eso ya con mucha dedicación -me explicó con una taza de macha granizado en la mano-. Si entran personas nuevas, entonces seguro que un número similar quedan desatendidas.

Meditando sobre lo que me explicaba, me dije que mantener un contacto mensual con ese ejército de personas implicaría de promedio una cita al día, lo cual es ya mucho quedar.

-Eso contradice el dicho popular de que los verdaderos amigos se pueden contar con una mano -le comenté.

-No he dicho que los treinta sean amigos. La mayoría son relaciones de trabajo, personas con un interés común, amistades más ligeras... pero con las que mantienes el vínculo porque hay algo que os une, y la relación suma más que resta. 

Posteriormente a esta charla, recordé una cita del último libro de Jordi Nadal, LIbroterapia. Es una reflexión de Elias Canetti y está en sintonía con el tema que debatimos con Ferran. Dice así: "Puedes haber conocido a tres o cuatro mil personas en tu vida, pero siempre hablarás solo de seis o siete."

Me pregunté quienes componían para mí ese "greatest hits" particular y, en efecto, me sale un grupo así de reducido. Son personas de las que hablo a menudo porque me inspiran y quiero compartir con otros lo que aprendo de ellas. Y lo mejor del caso es que a algunos de estos maestros (a menudo ellos no saben que lo son) los veo de uvas a peras. 

Puede haber pasado un año o incluso más, pero la persona sigue presente de un modo u otro en tu vida: por palabras que dijo, cosas que hizo o enseñó, o porque estuvo allí donde otros se escaquearon; porque su ejemplo te empodera, o porque no imaginas el mundo sin esa persona. También por eso no la olvidas y sientes necesidad de hablar de ella.

Esa élite de la memoria nunca pierde su podio. Incluso si mueren antes que nosotros, seguirán ocupando un lugar en nuestras oraciones, aunque seamos laicos. Porque nos inspiran y nos acompañan, y logran que en el Universo haga menos frío, como dijo alguien.

Abrazos desde la antigua Formosa y ¡feliz semana!

Francesc

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