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Se despide un felpudo

Felpudo

Buen martes,

Al final voy a tener que cambiar el nombre de la Monday News :-O Ayer tuve una cena altamente reveladora con dos amigos que son verdaderos guías en mi vida: Sonia Fernández-Vidal (autora de La puerta de los tres cerrojos y otras maravillas) y Alberto Cabezas. Como testigo del encuentro, otra gran alma: la psicóloga Nika Vázquez.

La cena se convocó para poner en orden mis asuntos, y como lectura preliminar Alberto me había pedido que leyera el bestseller norteamericano DAR Y RECIBIR. Su autor, Adam Grant, divide a las personas con las que tenemos interacciones en las siguientes categorías:

DONANTES. Los que tienden de forma natural a dar a los demás. Entre ellos hay dos subgrupos que comentaremos más adelante.

RECEPTORES. Los que reciben, reciben y reciben... y pocas veces sueltan nada. Acaban drenando a los donantes.

EQUILIBRADORES. Son los que se esfuerzan en que haya un equilibrio entre lo que dan y lo que reciben, y miden a cada persona según este criterio.

FALSOS DONANTES. Son más peligrosos que los receptores, ya que bajo su apariencia de generosidad te dan 1 pero te quitan 10.

El libro parte de un estudio muy interesante. Un grupo de científicos sociales comprobó, a través de estadísticas, que los donantes ocupan la parte más baja del escalafón en todas las profesiones. Justamente porque lo dan todo, son los que menos dinero tienen y los que ocupan puestos de menor responsabilidad.

¿Y quién hay en lo más alto del escalafón del éxito? Ahí viene lo más interesante... No son los receptores, ni tampoco los equilibradores. Ambos ocupan el medio de la tabla. Arriba de todo están nuevamente los donantes. Pero no son los mismos donantes que ocupan la parte inferior de la tabla. Y ahora viene la subdivisión:

1. DONANTES CON CRITERIO. Son aquellos que saben cuándo dar, a quién, cómo, por qué y a cambio de qué. Los grandes hombres y mujeres de negocios pertenecen a esta categoría. Dan mucho pero sus donaciones les reportan múltiples beneficios, además de prestigio social, cosa que no sucede con la otra clase de donantes ->

2. FELPUDOS. Son aquellos que dan al por mayor, a todo el mundo y sin ningún criterio. La gente se acostumbra tanto a que den que dejan de valorar sus donaciones (Adam Grant habla de ellos como "bobalicones") y establecen con ellos, además, relaciones totalmente asimétricas. Esta clase básica de donantes reciben el nombre de felpudos porque al final, por mucho que den, todo el mundo les pisa.

Tras haberme sumergido un poco en el libro, Alberto me suelta en la cena:

- Francesc, creo que eres el mayor felpudo que he conocido en mi vida. Por eso, pese a tu talento y a haber trabajado como un loco los últimos quince años, a día de hoy sólo tienes deudas.

- Eso es cierto. ¿Y qué puedo hacer para dejar de ser un felpudo?

- Para empezar, detectar a los receptores que te chupan la sangre y apartarte de ellos paulatinamente. Luego puedes hacer un primer cambio que será fácil. No des sin que te pidan, como hacen todos los felpudos. Empieza ayudando sólo a quien te lo pida. Con eso eliminas ya un 90% de las donaciones. Con el 10% restante, poco a poco irás ganando criterio y tomarás buenas decisiones, sobre todo si lees el libro.

Siguiendo con la charla, llegamos a la conclusión de que no se puede hablar de buenos y malos en la gente que ocupa estas categorías, ya que muchos no son ni siquiera conscientes de ejercer su rol. Y eso me hace pensar en una escena muy interesante de Sexus, la novela de Henry Miller.

En ella se habla de un bohemio que vive de prestado y va pidiendo dinero por aquí y por allá, por supuesto sin devolverlo. En este punto, el narrador hace la siguiente reflexión: para que esto pueda suceder es necesario que se encuentren dos enfermos: el adicto a pedir y el adicto a dar. Sin uno no puede existir el otro, y ambos necesitan de igual forma dar rienda suelta a sus instintos destructivos.

¿De dónde viene la adicción a dar y ser pisado? Según el doctor Bolinches, el origen está en una falta de amor en la infancia. Las personas que han recibido poca atención de su padre o de su madre cuando eran niños, de adultos buscarán el amor en todo el mundo, e intentarán comprarlo a través de una entrega que les convierte al final en verdaderos felpudos.

El mejor remedio contra todo eso: darse cuenta. Gracias por la lección, amigo Alberto. Desde ahora mismo, se despide un felpudo.

¡Feliz semana!

Francesc

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