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UNA TARDE CON ERIC BOCANEGRA

Eric Bocanegra

Buenas noches,

Hace quince días explicaba por aquí que, por primera vez desde que soy free-lance, he instaurado un día libre entre semana para hacer cosas que no tienen que ver con mis obligaciones profesionales.

Aprovecho estos días para componer, escribir mis cosas, visitar una librería no virtual, pasear, o admirar de cerca los cuadros de un pintor que he descubierto recientemente y cuya vida es tan fascinante como su obra.

Había visto pinturas de Eric Bocanegra a través de Katinka, que también se declara fan de este joven pintor. En el último concierto de Alizia Nin, ella misma me lo señaló:

—Ese es el autor de los cuadros que te gustan tanto.

Una de mis pasiones es llenar mi casa de nuevos valores de la pintura, así que fui hacia él y le dije si era posible visitar su taller. Me respondió que sus cuadros están repartidos entre la casa de una amiga y el edificio okupa donde él vive. A continuación, me precisó:

—Te los puedo enseñar, pero eso no significa que quiera venderte ninguno.

—No hay problema —le dije—. Te propongo que empecemos la ruta en mi apartamento, para que veas cómo trato los cuadros que he ido comprando. Luego nos vamos a ver tus pinturas.

Eric estuvo de acuerdo y nos citamos para el día libre que había reservado.

Puntual a las 15:30, como habíamos quedado, vino a revisar los cuadros de nuestro loft, con el ojo exigente de un funcionario que examina si una familia es apta para adoptar un niño. Las pinturas también son para toda la vida.

Satisfecho con la visita, fuimos al parking a buscar mi coche. Tengo un cacharro de 17 años aunque nunca me he sacado el carnet de conducir. Camino de la Floresta, donde se hallan parte de sus cuadros, empecé a preguntarle por su vida, para entender por qué pinta lo que pinta y vive como vive.

Eric me explica que es hijo de una sueca y un empresario egipcio al que solo vio un par de horas en su vida. Eso explica que sea tan alto y con una mirada tan profunda, pensé. De hecho, su padre biológico no quiso conocerle, así que nació en Östersund, y un año y medio más tarde se trasladó con su madre a Barcelona.

Allí vivió una infancia feliz junto a ella y su nueva pareja, que tenía una amplia colección de libros de arte. A los nueve años conocería en un breve viaje a su padre biológico, que se limitó a darle una Gameboy y un Walkman. Nunca volvería a saber de él hasta enterarse de que había muerto, años después.

Tras la muerte de su madre en circunstancias dramáticas, Eric supo que el empresario egipcio había tenido dos hijos en Londres. Convertido en un artista incipiente, contactó con sus hermanos pero jamás quisieron conocerle. El motivo más probable era que el padre había dejado una copiosa herencia y no querían compartirla con él.

A los 25 años, Eric encuentra definitivamente un camino de salvación en la pintura. Al principio trata de compaginarlo con otros trabajos, pero pronto se da cuenta de que debe renunciar al dinero que le proporcionan estos empleos para dedicarse a tiempo completo al arte.

Para ello empieza a vivir junto a otras diez personas en una casa okupa, en un edificio de oficinas abandonado en la zona alta de Barcelona. Sin agua corriente, hace un año y medio que se ducha con el agua fría de una fuente pública.

A las 21:30, cuando cierran tres supermercados que tienen localizados, sale con sus compañeros a abrir los contáiners para recuperar la comida que han tirado. Reciclan frutas, verduras, huevos e incluso carne caducada que huelen para saber si aún puede ser comestible.

Con este modo de vida, curiosamente en la zona más rica de la ciudad, Eric tiene su taller y pinta de la mañana a la noche. Su forma alternativa de vivir, entregándolo todo al arte, no le ha impedido exponer en ciudades como Berlín, Estocolmo o Göteborg.

Recientemente ha sido seleccionado para la prestigiosa feria ArtMadrid (http://www.art-madrid.com/artista-am17/eric-bocanegra_pintor) y en marzo expondrá en Barcelona.  Hablaré de eso cuando sea el momento. Mientras tanto, vive sin apenas nada, aferrado solo a sus grandes lienzos en los que plasma su alma de superviviente.

Cuando logra vender un cuadro, invierte todo su dinero en comprar telas y pintura.

Es un artista lento y su colección no supera las veinte piezas. Para que pueda seguir adelante, y porque me encanta su obra, le he comprado uno de sus cuadros favoritos. De hecho, lo tuvo colgado muchos años al lado de su cama. 

Eric Bocanegra me lo traerá en mi próximo día libre, esta semana, y lo compartiré con vosotros por Facebook. No es el que ilustra este artículo.

De las horas pasadas con este artista entre la tarde y la noche, descubro que hay esperanza para el mundo. El talento está oculto en lugares insospechados. Los que pasan al lado de las oficinas en ruinas no imaginan que allí trabaja febrilmente una futura estrella del arte contemporáneo.

También aprendo que se puede vivir sin nada, y seguir persiguiendo el sueño que da sentido a una vida. El ansiado ikigai.

Gracias, Eric, por permitirme contar tu vida y por dejarme custodiar un pedazo de la misma. Va a ser un orgullo tener este cuadro en casa y poderlo mostrar a todos los que pasen por ella.

Larga vida al arte y feliz semana,

Francesc

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