MONDAY NEWS

Los lugares tienen alma

supermarket

¡Buenos días!

Hace unos meses, mientras acondicionaba mi salón de sherpa personal, empecé a reflexionar sobre la importancia del espacio donde suceden las cosas. En el teatro, el escenario da un sentido especial a los movimientos de los actores y transmite un mensaje a los espectadores. Y lo mismo ocurre con el espacio de una consulta.

Una vez visité la casa de un amigo en Barcelona cuya esposa es terapeuta (excelente, por cierto). Cuando me enseñó la habitación donde atendía a los pacientes se me cayó el alma a los pies. Era un cuarto minúsculo, sin ventanas, con dos sillas a lado y lado de una mesa mínima sobre la que sólo había un dispensador de pañuelos de papel.

Este escenario en el que entra alguien que quiere reavivar su existencia, de modo inconsciente transmitía todo lo contrario. Los mensajes que recibía el paciente eran: 1) Esto es una encerrona, 2) Aquí se trabaja con horizontes pequeños, 3) Aquí se viene a llorar por los problemas, no a celebrar  las soluciones.

Le comenté estas impresiones a la terapeuta y creo que realizó cambios, aunque desde entonces no he vuelto a ver aquel pequeño cuarto.

Más allá de cómo yo crea que debe ser un espacio terapéutico, me doy cuenta de que el ser humano busca de forma intuitiva la belleza y se siente bien allí donde la luz, el espacio, los colores y objetos acarician el alma. Por eso es importante que el lugar donde trabajamos, sobre todo si tenemos un despacho en casa, transmita los mensajes que deseamos recibir.

Pondré un ejemplo muy prosaico pero ilustrativo a partir de los tres supermercados paquistaníes que rodean mi estudio.  

El primero que abrió es un espacio espartano, con luz de fluorescentes y la mercadería dispuesta en cajas como un economato socialista. El vendedor está siempre hipnotizado ante un pequeño televisor donde dan series de su país. Jamás ve nuestras noticias ni nada que no sea en su idioma. El mensaje que transmite ese hombre es claro: estoy aquí por obligación, porque mi valor es abrir cuando los otros cierran, y no me interesa tu mundo. Este colmado recibe pocos clientes, pero aún subsiste porque está emplazado en una vía por la que pasa mucha gente.

Un año después, a dos calles de allí, otros paquistaníes abrieron un súper con un espíritu muy distinto. Arreglaron el espacio con mucho gusto y pusieron luces agradables, además de colocar sus productos de forma atractiva. En lugar de las telenovelas en urdu, allí suena música de todo tipo (la suya y la nuestra) y los vendedores conocen a los clientes y bromean con ellos. Resultado: está siempre lleno y a la gente le gusta volver aunque los precios sean superiores a los de un gran supermercado, porque se sienten acogidos.

Recientemente abrió un tercer súper del mismo tipo entre los dos existentes. Convencidos de que sólo bastaba con levantar la puerta para que el negocio funcione, ni siquiera se preocuparon de poner el letrero recto (ver foto). Las estanterías estaban mal surtidas y si preguntabas por un producto tenías un problema, porque los vendedores apenas hablaban el idioma. Este comercio cerró poco después de haber abierto y aún hoy sigue vacío.

Conclusión: el ser humano busca naturalmente rodearse de belleza y de humanidad. Por eso los bares tétricos sólo tienen un par de borrachos en la barra y la gente se reúne en los cafés donde hay luz natural, flores, música agradable y buen humor. Es una lección sencilla pero que mucha gente olvida. Al igual que la ropa que llevamos habla de quiénes somos, el espacio es el reflejo del alma que lo habita. Merece ser cuidado y embellecido como lo que es: nuestro templo.

¡Feliz semana lluviosa por aquí!

Francesc

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