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UNA LECCIÓN DE MADUREZ

Mallorca old poster

Buenos días,

Esta semana de revival en el norte de Mallorca me ha hecho evocar muchas cosas. Esa era la idea, y una noche lo aderezamos visionando una película icónica de la nostalgia: Cinema Paradiso.

Al verla de estreno me encantó, sobre todo por la banda sonora de Morricone, aunque creo que hoy se habría filmado de forma distinta. Los espectadores del cine sobreactúan todo el tiempo, como si estuvieran en una obra de teatro grotesca. Eso sí, el niño que interpreta a Totó es todo un hallazgo de carácter y expresividad.

De esta revisión, me quedo con su final inolvidable y con la reflexión que transmite el viejo operador al chico a punto de irse a buscar fortuna a Roma: «Si regresas al pueblo de aquí uno o dos años, lo encontrarás todo cambiado. El hilo se habrá roto. Lo que vengas a buscar ya no lo encontrarás. Tienes que irte mucho tiempo, muchísimos años, para que puedas volver y encontrar a tu gente.»

Es cierto que nuestra vida cambia drásticamente cada pocos años. Te das cuenta de ello al hacer la lista de invitados de tu cumpleaños. Muchas personas que fueron fundamentales en tu vida se han desvanecido. A algunas las pierdes la pista sin saber cómo, otras se alejaron a raíz de un enfado o malentendido, o bien la separación de una pareja dejó amigos a un lado u otro.

A lo largo de esta tournée por Mallorca, me he acordado mucho de un amigo íntimo al que le debo muchas cosas. Originario de Palma, lo conocí en la facultad de Anglogermánicas y durante una década fuimos inseparables. Con él compuse canciones que aún toco en un dueto que llamábamos Saturday Songs, porque nos reuníamos los sábados.

Tras acabar los estudios, regresó a su isla natal y venía de vez en cuando para visitarme. Yo también le buscaba cuando iba por este territorio tan ligado a mi infancia. Hasta que un día, misteriosamente, el hilo se rompió, como dice el operador de Cinema Paradiso.

Me di cuenta de que habían pasado un par de años sin saber nada de él y, como soy muy propenso a perder el móvil, tampoco tenía su número. Le escribí un e-mail y no obtuve respuesta. Buscando por Facebook, encontré una sola persona con su nombre y apellido —es poco común—, sin foto de perfil y de Palma de Mallorca. Esto me hizo pensar que podía ser él, aunque me hizo dudar que en aficiones y gustos saliera «Luís Miguel».

En cualquier caso, no contestó al mensaje privado que le mandé por FB. Tampoco me respondió, hace poco, un profesor de inglés que fue muy importante en mi adolescencia y que reencontré por las redes. Muchas veces que he intentado contactar con alguien del pasado lejano, por el medio que sea, me ha sucedido lo mismo.

Antes me sabía mal o me entraba añoranza, pero con el tiempo he aprendido a tomarlo con naturalidad. Una lección que te da la madurez es dejar ir a quien se encuentra en otro camino y no quiere echar la vista atrás.

Hay muchos motivos para no querer retomar un hilo que en su momento fue largo y sólido, y uno de ellos es la reticencia a recordar tiempos en los que, además de amistad, se vivieron episodios de infelicidad. Ver nuevamente a esa persona, varias décadas después, te puede devolver de bruces a una época que has elegido olvidar.

Let it be cantaban los Beatles, y el presente nunca será del todo nuestro mientras arrastremos nostalgias y decepciones. Hay que dejar ir sin acritud a los que transitan por otra senda y cuidar bien de los que ahora caminan con nosotros. Sin duda, muchos de ellos se esfumarán algún día de nuestra vida pero, si celebramos juntos cada encuentro, se llevarán un buen recuerdo de nosotros.

Feliz semana,

Francesc

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